Cultivar el amor y la amabilidad

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“El odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor” – Buda.

El amor es una cualidad básica del corazón que emerge de nuestra capacidad de apreciar —es decir, notar aquello que es precioso—, de conectarnos con quienes amamos y de desear, de corazón, que sean felices. Usualmente pensamos en el amor como algo que se dirige principalmente hacia los otros, sin embargo es posible e incluso indispensable ofrecerse ese aprecio, conexión y deseo de felicidad a uno mismo para poder ofrecerlo a los demás de manera sustentable y auténtica. El amor no solamente nos hace alegrarnos de la felicidad de los seres (incluidos nosotros mismos) sino que también nos moviliza a ayudar a generar las condiciones para que esa felicidad aparezca donde no existe y para que se expanda donde ya esté.

Tal como es posible e importante aprender a relacionarnos con emociones difíciles como la rabia, el miedo o el resentimiento con plena conciencia, es igualmente importante nutrir las emociones que tienen el poder de sanarnos, como el amor, la compasión, la alegría y la gratitud. Ciertamente no es posible forzarnos a amar o a perdonar, así como no sería posible forzar a una planta a que crezca, pero sí es posible invitar y cultivar estas actitudes en nuestra mente y corazón, generando la condiciones para que emerjan y se vuelvan parte de nuestro paisaje interior. Este cultivo no consiste en fabricar algo nuevo, sino que se asemeja más bien al gesto de recordar algo que ya conocemos y de desbloquear algo que ya está. De hecho, muchas tradiciones contemplativas y también la psicología evolutiva coinciden en que la bondad y el amor son parte de nuestra naturaleza humana fundamental. Practicar el amor y la amabilidad involucra atravesar lentamente las capas de sequedad y desamor que acumulamos por miedo, dolor o costumbre, para entrar en contacto con el manantial de cuidado que tenemos todos en nuestro centro.

El cuerpo y la mente humana están diseñados para que su potencial florezca a través del amor.  El cuidado, el amor y la amabilidad activan zonas del cerebro relacionadas a la calma y a una sensación de bienestar, y cuando esto pasa nos sentimos seguros, contentos y abiertos a nuevas experiencias. Aunque este sistema se estimula desde antes de nacer, se sigue activando a lo largo de la vida cuando pasamos tiempo con personas con quienes nos sentimos emocionalmente conectados, en sintonía y seguros. Cuando damos y recibimos cariño, nuestro cuerpo genera oxitocina, la neuro-hormona del apego y la conexión, generando sentimientos de confianza, afiliación y conexión, y a la vez reduciendo la hipersensibilidad de los circuitos neuronales del miedo y el estrés. Por eso, el amor no es solamente crucial para mantenernos sanos, sino también para recuperarnos física y psicológicamente de experiencias difíciles.

Uno de los pocos elementos que pueden predecir el éxito en una psicoterapia es la capacidad del terapeuta de ofrecer a su paciente lo que el famoso terapeuta Carl Rogers llamó una “consideración positiva incondicional”, una cualidad relacional caracterizada por una profunda empatía y aceptación del otro tal como es. Como quizás has notado en tu propia experiencia con la meditación, es posible ofrecernos este tipo de presencia  a nosotros mismos. De hecho, la práctica de mindfulness también activa las zonas del cerebro relacionadas con la calma y la seguridad. Cuando nos sentamos a meditar, practicamos ser nuestros propios amigos, ofreciendo una presencia positiva, no enjuiciadora e incondicional a nuestras experiencias internas. La práctica de mindfulness es una invitación a re-establecer nuestra amistad y nuestra amabilidad con nosotros mismos.

En la práctica

En general, el amor surge al notar las cualidades valorables en nosotros mismos y en los demás. Sin embargo, la capacidad de ver aquello que es positivo y hermoso y ver el gran potencial en uno mismo y en los demás no es fija, sino que al contrario, es una capacidad ampliamente entrenable. Ya en su madurez, el poeta austríaco Rainer M. Rilke escribió al joven poeta Franz Xavier Kappus en sus famosas Cartas a un joven poeta: “Si tu vida cotidiana te parece pobre, no la culpes a ella, cúlpate a ti mismo, admite que no eres lo bastante poeta para invocar las riquezas del día a día; ya que para el creador no existe la pobreza, ni lugar pobre o insignificante”.

Por supuesto, el punto de Rilke no era que Kappus debía sumirse en la culpa de ser mal poeta, sino precisamente estimular su capacidad creadora y despertar el “buen ojo” que es capaz de descubrir belleza en lo más insospechado: en lo cotidiano. Como todos somos creadores activos de nuestra propia experiencia, todos podemos beneficiarnos del consejo de Rilke y ejercitar el ojo poético en nuestra relación con nosotros mismo y con los demás. Acá compartimos dos experimentos que puedes realizar esta semana para entrenar esta mirada.

Te invito  a cultivar la atención a la bondad y la belleza en tu vida, especialmente cuando aparece en medio de lo más rutinario y conocido, pero también cuando aparece en lugares o personas que usualmente etiquetarías rápidamente como feas o poco interesantes.  Busca cosas o eventos que pueden ser una fuente de apreciación y gratitud en tu día a día. El elemento principal en esta práctica consiste en ofrecer a los demás la mirada con la cual te gustaría ser visto.

Un segundo experimento consiste en practicar la amabilidad in situ: cada vez que te encuentres con alguien, intenta enviarles silenciosamente un deseo positivo. Por ejemplo, si te encuentras con un amigo, puedes repetir mentalmente: “Que seas feliz, que tengas paz y alegría en tu vida”. Intenta hacer esto no solamente con seres queridos, sino también con personas neutras. Por ejemplo, puedes estar en la fila de un banco y enviar tu intención amorosa al cajero o al guardia: “Que seas feliz, que tengas paz y alegría, que puedas florecer plenamente en tu humanidad, que puedas dar y recibir todo el amor que necesitas”. No hace falta que vayas a abrazar al guardia, ya que alguien puede llamar a la policía. Simplemente genera esa intención y ve qué sientes al hacer esto. Si realizas esta práctica, observa si hay algún cambio en tus interacciones con los demás.

Lanzamiento del Libro “Presencia Plena: Reflexiones y Practicas para Cultivar Mindfulness en la Vida Diaria”

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El pasado lunes 18 de agosto los autores Catalina Segú, Gonzalo Brito y Claudio Araya se reunieron en la Universidad Adolfo Ibáñez para lanzar el libro «Presencia Plena: reflexiones y prácticas para cultivar mindfulness en la vida diaria», publicado por JC Sáez Editor en Santiago de Chile. La presentación el libro estuvo a cargo del psicólogo y doctor en filosofía Roberto Arístegui, y de la antropóloga Patricia May. Al evento asistieron cerca de doscientas personas, todas ellas reunidas bajo un mismo interés: el cultivo de una mente atenta, abierta y presente, y una vida más consciente.
 
 
 
El libro consiste en una selección y reedición de 52 «pausas mindfulness», y cuenta con un prólogo de Vicente Simón e ilustraciones de Daniel Otero. Su venta ya está disponible en las principales librerías chilenas, y para los que no vivan en Chile, el libro puede ser encargado desde el exterior a través de http://www.buscalibre.com (http://www.buscalibre.cl/libro-presencia-plena-reflexiones-y-practicas-para-cultivar-mindfulness-en-la-vida-diaria/9789563061079/p/46236761).
 
Compartimos con ustedes algunas fotos del lanzamiento.
Roberto Aristegui, Patricia May, Claudio Araya, Catalina Segú, Gonzalo Brito y Juan Carlos Sáez.
Roberto Arístegui
Catalina Segú y Gonzalo Brito.
Francisco López, interpretando el Shakuhashi o flauta Zen.
Claudio Araya y Catalina Segú
Roberto Arístegui y Patricia May
Nuestros agradecimientos a Paty May, Roberto Arístegui, Francisco López Silva, JC Sáez Editor, nuestra editora Alicia Simmross, a la comunidad de la Red Mindfulness y a tantos amigos que se sumaron a celebrar y participar de este lindo evento.

Compasión y Transformación – Taller intensivo – Sociedad Mindfulness y Salud

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Link: Información en el sitio de la SMS

“En el campo de la ecuanimidad y con la humedad del amor,La semilla de la compasión se transforma en el árbol del verdadero altruismo.” – Thupten Jinpa.

La compasión, entendida como el conectarnos con el sufrimiento del otro y sentir la motivación de ayudar a aliviarlo, es instintiva en los seres humanos y en otros mamíferos cuando el que sufre es un familiar cercano. Sin embargo, la creciente fragilidad social, económica y ecológica a nivel global requiere que ampliemos nuestro círculo de cuidado y compasión más allá del espacio familiar inmediato hacia lo que el Dalai Lama llama la “compasión universal”.

La investigación científica ha mostrado los beneficios individuales de la práctica de meditación, desde la reducción del estrés al manejo del dolor crónico. Más recientemente, la investigación también está dando cuenta de los beneficios relacionales de las prácticas meditativas, aportando evidencia a la intuición de que el cultivo de la paz y la compasión en uno mismo está íntimamente ligado al cultivo de la paz y la compasión en el mundo.

En las tradiciones contemplativas existen prácticas meditativas y ejercicios reflexivos específicos para inclinar y predisponer gradualmente nuestra mente/corazón hacia emociones y actitudes que favorecen el bienestar no sólo personal, sino también el relacional.

En este taller intensivo de un día y medio reaalizaremos diversas prácticas meditativas, ejercicios reflexivos, prácticas relacionales y discusiones grupales para explorar, en nuestra propia experiencia, cómo entrenar una mente estable y un corazón abierto.

Esta jornada está dirigida a todos quienes estén interesados en iniciar o profundizar una práctica meditativa con un foco en el cultivo de la compasión.

Para Profesionales y Público en general

Dictado por:
Lic. Gonzalo Brito Pons
Psicólogo, Universidad Católica de Chile
PhD, Sofia University.

 

Próximas fechas para esta actividad


30may
viernes

Ya está abierta la inscripción
19:00 hs. – Palermo, Buenos Aires

Viernes 30, 19:00 a 22:00 hs
Sábado 31, 9:00 a 18:00 hs (se almuerza en el lugar)
Para inscribirse envíenos un email a:
info@mindfulness-salud.org

pasión y Transformación
Tal

Aprovechar esta preciosa vida humana

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“Las variadas formas de vida en el mundo son impermanentes como las nubes del otoño.
El nacimiento y la muerte de los seres es como contemplar una danza.
El paso de la vida es como un relámpago en el cielo.
Se mueve rápidamente, como una cascada”. – Buda.

Un famoso texto budista, el Sutra del Diamante, nos desafía a percibir nuestra experiencia como la luz titilante de una lámpara de mantequilla, como una ilusión mágica, como rocío, burbujas, sueños, relámpagos o nubes. Esta invitación a notar la impermanencia e insustancialidad en nuestra propia vida se presenta como un antídoto a la tendencia habitual a percibir todo lo que nos rodea, y sobre todo a nosotros mismos, como sólidos, permanentes y fijos. Esta ilusión óptica de la conciencia, la ilusión de solidez y permanencia, nos hace vivir adormilados, confiando en que ya habrá tiempo más adelante para ocuparse de las cosas fundamentales… por ahora, podemos seguir distraídos con un poco más de farándula y fútbol.

Al acercarnos a la práctica de mindfulness o atención plena, basta como motivación inicial el comprender que mindfulness significa conectar nuestra atención al momento presente y comenzar a sentir los beneficios de cultivar esta presencia, viviendo un poco menos aferrados al pasado o proyectados mentalmente hacia el futuro. Sin embargo, el término mindfulness (Sati en Pali, Smrti en sánscrito) también está estrechamente relacionado a la facultad de la memoria, ya que el término significa “recordar”, “traer a la mente”, o “mantener en la conciencia”. Esta acepción no se refiere a recordar cosas del pasado, sino que a recordar en el presente que precisamente este instante es un momento de práctica: este mismo instante es un momento en que disponemos de la oportunidad de transformar nuestros hábitos mentales desde la codicia, la rabia y la ignorancia hacia la sabiduría y la compasión. Literalmente, este instante que tienes entre las manos, justo ahora, es aquello de lo que dispones; más allá de eso, no podemos estar seguros.

Entre las cosas que vale la pena traer a menudo a nuestra mente para alentarnos a utilizar bien esta vida humana, está el hecho de que esta vida es un espacio de aprendizaje que es fugaz y frágil. En el siglo XV, el erudito tibetano Tsongkhapa escribió: “¿Por qué malgastar esta buena vida que he logrado? Cuando actúo como si fuese algo insignificante, me engaño a mí mismo. ¿Qué podría ser más tonto que esto?” La sabiduría tibetana y, en general, la sabiduría de las tradiciones contemplativas, perciben la vida humana como una oportunidad excepcional y no como algo a dar por obvio. La apreciación y la gratitud por la propia vida no parece ser una actitud demasiado común en estos días; a menudo vivimos en la paradoja de tener un gran temor a la muerte y al mismo tiempo vivir distraídamente, como si la vida no estuviese exclusivamente compuesta de instantes como éste. Sin embargo las tradiciones contemplativas nos invitan a valorizar los instantes y aprovecharlos al máximo para cultivar nuestro potencial, para beneficio nuestro y también de los demás.

El Dalai Lama, con acostumbrada simpleza y claridad, apunta a la relación entre estar atentos y recordar la impermanencia y el aprovechar esta vida: “La ilusión de permanencia, o el no estar conscientes de la muerte, genera la noción equivocada de que vas a estar acá por un largo tiempo; y esto, a su vez, te lleva a invertir tiempo en actividades superfluas que te afectan a ti y a los otros”.

Práctica

La práctica de esta semana consiste en traer a la mente y familiarizarnos con la impermanencia en nuestro día a día. La perspectiva cercana y cotidiana de nuestra propia transitoriedad puede servir de motivación poderosa para no posponer la vida.
A menudo se cree que la meditación consiste simplemente en no pensar, en acceder a un silencio mental de paz y quietud; sin embargo la reflexión y el análisis son también fundamentales para obtener compresiones profundas sobre la vida y sobre nuestra situación. En las tradiciones contemplativas, y en particular en el budismo, existen prácticas de estabilización mental o de concentración (shamatha) que van a la par con prácticas de meditación analíticas (vipashyana) en las que el practicante se familiariza con un tema específico a través de la examinación y la investigación. La calma mental sin análisis puede efectivamente traer paz, pero no produce una transformación duradera.

La práctica que te propongo para esta semana es del segundo tipo, es decir, es una práctica que involucra análisis y reflexión. Esta semana te invitaremos a traer a tu mente la conciencia de la impermanencia, el valor de estar vivos ahora y de poder dedicar tiempo y energía al cultivo de la sabiduría y la compasión para el beneficio de todos los seres.

Acá te ofrecezco algunas guías para cultivar la reflexión de la impermanencia en lo cotidiano. La idea es tomar estas ideas, reflexionar sobre ellas, explorar si resuenan como ciertas en tu propia experiencia y derivar tus conclusiones. Como advertencia, me gustaría decir que generalmente tenemos tan arraigado el hábito cultural de negar la impermanencia y la muerte, que reflexionar sobre estos temas pude despertar un gran rechazo. Sin embargo, la aceptación de la realidad de la muerte y una reflexión abierta sobre ella nos puede conducir a una actitud mucho más vital que su negación. Es una de las paradojas de la vida. En cualquier caso, y como todas las prácticas que sugerimos, tú eres libre y responsable de seguir las sugerencias o de no hacerlo. Acá las contemplaciones*:

  • La muerte es inevitable. Ningún ser humano ha vencido la muerte por poderoso que haya sido durante su vida. Cada instante que pasa nos acerca más al momento de la muerte. Como incluso cuando estamos sanos hay poco tiempo para la práctica, es lógico no botar nuestro tiempo y energía y utilizarlos para cultivar cualidades de nuestra mente y corazón que sean de beneficio duradero para nosotros y para los demás.
  • El momento de la muerte es incierto. Aunque tendemos a imaginar que la muerte ocurrirá en algún momento lejano en el futuro, en realidad no lo sabemos. El cuerpo es frágil y muchas condiciones son necesarias para sostenerlo con vida. Si consideramos que la transformación de nuestros hábitos mentales es algo importante, el tiempo de hacerlo es ahora.
  • Al momento de morir, lo único que nos ayuda realmente son las prácticas transformativas que hayamos realizado. En ese instante, el dinero y los objetos acumulados no son de ayuda. Lo que es de mayor ayuda son los hábitos mentales que hayamos cultivado durante nuestra vida, incluyendo el desapego a posesiones y aceptación de la impermanencia.

Si deseas explorar esa práctica, dedica algún tiempo en tu semana para reflexionar sobre estos puntos, y ve qué surge de esto. Invítate amablemente a conectar con una motivación genuina de aprovechar este breve viaje en la vida para cultivar tus aspiraciones más profundas. Deja también que esta apreciación se expanda hacia la preciosa vida de los demás, desarrollando empatía y respeto incluso por quienes consideras muy distintos a ti, sabiendo que también son compañeros en este viaje tan único.

*Estas contemplaciones están basadas en el libro Becoming Enlightened, del Dalai Lama. Dalai Lama, and Jeffrey Hopkins. 2009. Becoming enlightened. New York: Atria Books.

Afinando el instrumento II: Equilibrar la atención

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“Por el momento, aquello a lo que prestamos atención, es la realidad”
– William James.

“Uno debe estabilizar la mente en concentración meditativa, pues una persona con una mente distraída vive entre las fauces de las aflicciones mentales”
– Shantideva.

Surreal Door Installations por Nicole Evans and Pat Farrell

Nuestra capacidad de prestar atención y el discernir a qué prestamos atención construyen en buena parte la realidad que percibimos, definiendo también la manera en que respondemos a nuestro entorno y a los demás. Prestar atención de manera sostenida y voluntaria no es sólo una capacidad tremendamente útil para cualquier labor que realizamos, desde el estar plenamente presente con nuestros hijos, escuchar a un cliente, hasta hacer un sofisticado cálculo matemático o tocar un instrumento musical. Una capacidad de atención equilibrada nos permite comprender la realidad que habitamos y co-crearla de maneras constructivas.

En el blog anterior de esta serie “Afinando el Instrumento” (http://cultivarlamente.com/2013/12/09/afinando-el-instrumento-i-equilibrar-nuestras-intenciones) comenzamos por explorar la importancia de equilibrar nuestras intenciones, ya que las intenciones funcionan como el timón del barco, definiendo el rumbo de nuestras acciones mentales, verbales y físicas. Siguiendo con la analogía marítima, el capitán del barco necesita además cultivar una atención equilibrada para ser consciente de todas las condiciones que afectan el viaje (el clima, el mar, el cielo, las aves, etc.) para responder adecuada y creativamente frente a ellas.

Muchos suponen que prestar atención debiese ser algo sencillo, y quizás se deba a este supuesto que nunca he escuchado en contextos educativos convencionales que se impartan cursos que enseñen a prestar atención, ya sea en los colegios o en las universidades. Lo más cercano a una educación de la atención en el colegio para muchos de nosotros fue el reto de algún profesor que nos gritó “¡presta atención!” (ocasionalmente acompañado por el gesto de lanzar un trozo de tiza/proyectil dirigido certeramente hacia la cabeza del distraído en cuestión).

De hecho, aunque el cultivo de la atención tiene repercusiones múltiples en nuestras vidas, pocas veces se presta atención a nuestra capacidad de prestar atención, y menos aun se ofrecen estrategias para clarificar y sostener esta capacidad. En contraste, el filósofo y psicólogo William James escribió en 1890: “La facultad de traer de vuelta deliberadamente la atención errante, una y otra vez, constituye el fundamento mismo del discernimiento, del carácter y la voluntad. Nadie es maestro de sí mismo si no la tiene. La educación que mejore esta facultad sería la educación por excelencia”. La voz de William James resuena fuerte 125 años después, cuando el trastorno de déficit atencional con hiperactividad (TDAH) es el diagnóstico psiquiátrico más común en la infancia a nivel mundial y cuando casi el 10% de los niños en Chile está medicado con Ritalín.

Desde la perspectiva de la psicología budista hay tres desequilibrios de la atención que se pueden contrarrestar con la práctica de mindfulness (atención plena): El déficit atencional que consiste en la incapacidad de enfocar la mente de manera vívida sobre algo, tendiendo al aburrimiento o al embotamiento (ej: “cabecear” en una charla). La hiperactividad atencional que ocure cuando la mente está demasiado activa, tendiendo a la agitación y la distracción compulsiva (ej: en medio de una conversación o almuerzo con alguien, chequear constantemente el teléfono por posibles nuevos mensajes y updates). Por último, la disfunción atencional ocurre cuando enfocamos la mente de maneras que traen sufrimiento a uno mismo y/o a los demás (ej: prestar atención excesiva a los errores/debilidades de los demás para compararnos y sentirnos superiores).

Una Práctica

Es posible regular los tres desequilibrios de la atención (déficit, hiperactividad y disfunción) a través de la práctica de mindfulness (atención plena), que consiste en la práctica de sostener la atención voluntariamente sobre un objeto familiar (por ejemplo, la respiración) sin distracción ni olvido. Al realizar la práctica de mindfulness se desarrolla además la capacidad de monitorear el estado de nuestra atención momento a momento (una especie de meta-atención) notando cuando nuestra mente se está inclinando hacia el embotamiento, la hiperactividad o a la disfunción, lo cual a su vez permite corregir el rumbo de la mente y, por tanto, de la experiencia.

Podemos pensar en la práctica de equilibrar la atención como si estuviésemos manejando un auto: sosteniendo el volante vamos corrigiendo el curso del vehículo con leves ajustes hacia la izquierda o hacia la derecha, conscientes momento a momento del movimiento del auto. Podemos presionar un poco el acelerador (traemos más energía) cuando notamos que la mente se está embotando o relajando demasiado y desaceleramos un poco cuando notamos que la mente está agitada. Por supuesto, tal como no aprendimos a manejar autos la primera vez que nos subimos a uno, tampoco esperes conducir a la perfección tu propia atención las primeras veces que intentes regularla de esta manera. La buena noticia es que en el proceso de aprender a hacerlo es poco probable que tengas un accidente, aunque esta práctica puede prevenir muchos accidentes futuros.

Quizás uno de los ejercicios fundamentales para cultivar el equilibrio atencional sea la práctica de atención plena a la respiración. Te dejo acá unas instrucciones sencillas para experimentar esta práctica. Puedes simplemente leerlas y luego realizar el ejercicio. También puedes acceder a una práctica completa guiada de atención a la respiración al final de este post.

Toma una postura física relajada pero a la vez alerta. Estira un poco la columna y rota tus hombros hacia atrás y hacia abajo, abriendo tu pecho y relajando tu abdomen. Comienza con algunas respiraciones profundas de limpieza, inhalando por la nariz y exhalando profundamente por la boca. Después de la tercera exhalación profunda, deja que tu respiración vuelva a su ritmo natural. Con toda la amabilidad y paciencia que tengas, enfoca tu atención en las sensaciones de expansión y contracción de tu abdomen a medida que inhalas y exhalas. Simplemente suelta el control de tu respiración dejando que sea profunda o superficial, suave o áspera, rápida o lenta. Manteniendo tu atención en las sensaciones de la respiración, imagina que tu atención puede navegar las olas de tu respiración tal como un bote puede navegar las olas del mar, permaneciendo conectado a todo el arco de la ola desde el fondo hasta la cima. Monitoreando tu propia atención, corrigie sutilmente y con amabilidad cuando tu atención tienda a agitarse, embotarse o distraerse (recuerda la metáfora del auto). Practica esto por 3-5 minutos.

Meditación guiada en audio: Asentar la mente: Atención a la respiración.

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Afinando el instrumento I: Equilibrar nuestras intenciones

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“-¿Qué sucede cuando las cuerdas de tu instrumento están demasiado tensas? -preguntó el Buda.
-Se rompen las cuerdas  -respondió el músico.
-¿Y qué pasa cuando las cuerdas están muy sueltas?
-Cuando están demasiado sueltas, no producen sonido -respondió el músico-. Las cuerdas que producen un sonido armonioso no están demasiado tensas ni demasiado sueltas.
-Así es como se debe practicar -dijo el Buda -ni muy tenso ni muy suelto-”.
—-Adaptado del Sona Sutta, Anguttara Nikaya 6.55.

Aunque muchas veces pensamos o actuamos desde la suposición de que nuestro bienestar proviene de las circunstancias externas (riqueza, éxito, circunstancias placenteras), gran parte de nuestro bienestar personal y relacional está determinado por el equilibrio de nuestra mente/corazón. Las enseñanzas de la tradición budista sobre la relación entre el sufrimiento y los desequilibrios de la mente y la capacidad humana de cultivar voluntariamente estados de equilibrio mental y bienestar, han encontrado amplia resonancia en la psicología contemporánea. Una mente que se encuentra constantemente deprimida, ansiosa o frustrada (una mente desequilibrada) producirá sufrimiento en uno mismo y en los demás. En contraste, tal como un cuerpo sano está relativamente libre de dolor, una mente sana y en equilibrio se encuentra naturalmente protegida del sufrimiento psicológico, incluso ante circunstancias difíciles.

Frente a esto, surge naturalmente la pregunta: “OK, pero, ¿qué significa en concreto esto de cultivar el equilibrio mental? En esta serie de cuatro Pausas Mindfulness (no consecutivas), vamos a explorar qué significa, en concreto, cultivar equilibrio mental, lo que llamaremos metafóricamente “afinar nuestro instrumento”. Cada una de estas Pausas se referirá a uno de cuatro aspectos específicos del afinamiento de nuestra mente/corazón: afinar la intención, afinar la atención, afinar la cognición (pensamiento), y afinar la emoción. Aunque estos cuatro dominios de la mente son inter-dependientes y se influyen mutuamente, partiremos por explorar el equilibrio de nuestra intención, ya que las intenciones (consciente o inconscientemente) dirigen lo que hacemos, incluyendo a  qué prestamos atención, qué pensamos y qué emociones sentimos.

Podemos decir que nuestras intenciones están en equilibrio cuando nuestras  motivaciones, objetivos y aspiraciones están orientados hacia el cultivo de la felicidad en nosotros mismos y en los demás. A veces se mal entiende la práctica de meditación como un camino en el que no hay que tener objetivos, porque simplemente “hay que estar en el aquí y en el ahora”. Sin embargo, esta es una mirada muy estrecha del camino contemplativo. Por ejemplo. aunque en el Budismo efectivamente se relacione el sufrimiento con cultivar intenciones y perseguir objetivos insanos, también se enfatiza la importancia de generar aspiraciones sanas, como la intención de cuidarse a uno mismo y a los demás, ser un buen padre, o aportar a la sociedad con la propia creatividad y recursos.

Sufrimos de un desequilibrio en nuestras intenciones cuando nuestros deseos y aspiraciones nos alejan de nuestro florecimiento personal y colectivo. En particular, nuestras intenciones pueden estar desequilibradas por un déficit intencional, por una hiperactividad intencional, o por una disfunción intencional*.

El déficit intencional se refleja en la apatía y en una falta sentido e interés por cultivar el bienestar personal y colectivo, una sensación de que “todo da igual”. Esto usualmente se ve acompañado por un estancamiento y  falta de imaginación, no pudiendo visualizar que podemos vivir la vida con mayor plenitud. A veces entramos en este tipo de déficit cuando vivimos desilusiones importantes, cuando no conseguimos lograr algo y nos quedamos fijados en el juicio de que no somos capaces de lograr nada.

Entramos en la hiperactividad intencional cuando nos obsesionamos con objetivos, metas y fantasías sobre el futuro, perdiendo de vista lo que ocurre en el presente. Esta hiperactividad puede mantenernos en una contante sensación de carencia e insatisfacción, perdiendo de vista aquello por lo cual podemos estar agradecidos en el ahora y dejando de percibir las necesidades y aspiraciones de los otros. Por ejemplo, si estamos obsesionados con un logro en el trabajo o con conseguir el amor de alguien, es bastante probable que nuestra actitud competitiva o insistente aleje justamente aquello que queremos lograr.

Por último, la disfunción intencional está presente cuando nuestros deseos, intenciones y objetivos están dirigidos  hacia  algo que va a traer sufrimiento a uno mismo y/o a los demás. Por ejemplo, las adicciones (incluso aquellas socialmente aceptadas como la adicción al trabajo) pueden llevar a un deterioro de nuestra salud y dañar nuestras relaciones interpersonales con nuestros seres queridos. Aunque no haya nada malo en el desear tener tranquilidad a nivel material y tener éxito en el propio trabajo, poner toda nuestra intención en enriquecernos o en ser exitosos puede impedirnos ver y cultivar otros aspectos importantes de nuestra vida, y a la vez puede hacernos ciegos a la presencia de los demás.

Una Práctica

Cultivar aspiraciones, deseos y sueños que estén conectados con la realidad y que estén dirigidos hacia nuestro bienestar y el de los otros es crucial en el proceso de afinar nuestra mente. Además, este equilibrio  intencional influye de manera importante en nuestra capacidad de equilibrar las otras dimensiones de nuestra mente/corazón: la atención, el pensamiento y las emociones.

Haciendo eco de los insights de la tradiciones contemplativas, la psicología contemporánea también ha demostrado que el tener metas y aspiraciones que no sean contradictorias entre sí y el dar pasos concretos para alcanzarlas promueve el bienestar y la felicidad. Es muy importante tomar en cuenta que este bienestar personal no es alcanzable mientas se ignore el bienestar de los otros, ya que no somos islas independientes. Más allá de nuestra ilusión de separación, estamos profundamente conectados unos con otros. Como diría Thich Nhat Hnah, mi bienestar y el bienestar de los demás “inter-son”.

Esta semana te invitamos a reflexionar y conectarte con tus propias intenciones, sueños y aspiraciones.  Llevando tu atención a este nivel íntimo de tu mente, observa qué intenciones sanas y significativas habitan el silencio de tu corazón y, con la misma honestidad, identifica también qué intenciones y deseos hay en tu mente/corazón que puedan ser causas de sufrimiento presente o futuro en ti mismo y/o en los demás. Puedes utilizar las ideas ofrecidas en la reflexión de más arriba para estar más atento/a a los distintos tipos de desequilibrios  (déficit, hiperactividad o disfunción) de tu equilibrio intencional.

Observa con una mirada ampliada el tejido de causas y consecuencias del cual tus intenciones y aspiraciones son parte. Puedes hacerte la siguiente pregunta: “Si sigo este camino y trato de satisfacer este deseo, ¿cuáles podrían ser las consecuencias para mi propio bienestar y el de los demás?”. Esta pregunta invita al cultivo de una de las cualidades importantes de la sabiduría, que consiste en reconocer las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones y tomar decisiones de acuerdo a esta comprensión. Por último, hay tres preguntas que suelen ser de ayuda a las personas en los grupos de meditación que guío cuando trabajamos sobre nuestras aspiraciones e intenciones. Te las comparto acá, no para responderlas rápidamente, sino como una ventana desde la cual abrirte a tus intenciones:

  • Si cualquier cosa fuese posible, ¿qué me gustaría recibir de la vida?
  • Si cualquier cosa fuese posible, ¿cómo me gustaría florecer como ser humano?
  • Si cualquier cosa fuese posible ¿Qué me gustaría ofrecerle al mundo?
¡Que tengas una buena práctica!
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* Estas distinciones están inspiradas en enseñanzas de B. Alan Wallace.

Llámame por mis verdaderos nombres [poema] – Thich Nhat Hanh

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No digas que partiré mañana
porque todavía estoy llegando.

Mira profundamente: llego a cada instante
para ser el brote de una rama de primavera,
para ser un pequeño pájaro de alas aún frágiles
que aprende a cantar en su nuevo nido,
para ser oruga en el corazón de una flor,
para ser una piedra preciosa escondida en una roca.

Todavía estoy llegando para reír y llorar,
para temer y esperar,
pues el ritmo de mi corazón es el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy el efímero insecto en metamorfosis
sobre la superficie del río,
y soy el pájaro que cuando llega la primavera
llega a tiempo para devorar este insecto.

Soy una rana que nada feliz
en el agua clara de un estanque,
y soy la culebra que se acerca
sigilosa para alimentarse de la rana.

Soy el niño de Uganda, todo piel y huesos,
con piernas delgadas como cañas de bambú,
y soy el comerciante de armas
que vende armas mortales a Uganda.

Soy la niña de 12 años
refugiada en un pequeño bote,
que se arroja al mar
tras haber sido violada por un pirata,
y soy el pirata
cuyo corazón es incapaz de amar.

Soy el miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos,
y soy el hombre que ha de pagar su deuda de sangre
a mi pueblo, muriendo lentamente
en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera, tan cálida
que abre las flores de toda la Tierra.
mi dolor es como un rio de lágrimas,
tan desbordante que llena todos los Océanos.

Llámame por mis verdaderos nombres
para poder oír al mismo tiempo mis llantos y mis risas,
para poder ver que mi dolor y mi alegría son la misma cosa.

Por favor, llámame por mis verdaderos nombres
para que pueda despertar
y quede abierta la puerta de mi corazón,
la puerta de la compasión.

Thich Nhat Hahn