“Las variadas formas de vida en el mundo son impermanentes como las nubes del otoño.
El nacimiento y la muerte de los seres es como contemplar una danza.
El paso de la vida es como un relámpago en el cielo.
Se mueve rápidamente, como una cascada”. – Buda.

Un famoso texto budista, el Sutra del Diamante, nos desafía a percibir nuestra experiencia como la luz titilante de una lámpara de mantequilla, como una ilusión mágica, como rocío, burbujas, sueños, relámpagos o nubes. Esta invitación a notar la impermanencia e insustancialidad en nuestra propia vida se presenta como un antídoto a la tendencia habitual a percibir todo lo que nos rodea, y sobre todo a nosotros mismos, como sólidos, permanentes y fijos. Esta ilusión óptica de la conciencia, la ilusión de solidez y permanencia, nos hace vivir adormilados, confiando en que ya habrá tiempo más adelante para ocuparse de las cosas fundamentales… por ahora, podemos seguir distraídos con un poco más de farándula y fútbol.

Al acercarnos a la práctica de mindfulness o atención plena, basta como motivación inicial el comprender que mindfulness significa conectar nuestra atención al momento presente y comenzar a sentir los beneficios de cultivar esta presencia, viviendo un poco menos aferrados al pasado o proyectados mentalmente hacia el futuro. Sin embargo, el término mindfulness (Sati en Pali, Smrti en sánscrito) también está estrechamente relacionado a la facultad de la memoria, ya que el término significa “recordar”, “traer a la mente”, o “mantener en la conciencia”. Esta acepción no se refiere a recordar cosas del pasado, sino que a recordar en el presente que precisamente este instante es un momento de práctica: este mismo instante es un momento en que disponemos de la oportunidad de transformar nuestros hábitos mentales desde la codicia, la rabia y la ignorancia hacia la sabiduría y la compasión. Literalmente, este instante que tienes entre las manos, justo ahora, es aquello de lo que dispones; más allá de eso, no podemos estar seguros.

Entre las cosas que vale la pena traer a menudo a nuestra mente para alentarnos a utilizar bien esta vida humana, está el hecho de que esta vida es un espacio de aprendizaje que es fugaz y frágil. En el siglo XV, el erudito tibetano Tsongkhapa escribió: “¿Por qué malgastar esta buena vida que he logrado? Cuando actúo como si fuese algo insignificante, me engaño a mí mismo. ¿Qué podría ser más tonto que esto?” La sabiduría tibetana y, en general, la sabiduría de las tradiciones contemplativas, perciben la vida humana como una oportunidad excepcional y no como algo a dar por obvio. La apreciación y la gratitud por la propia vida no parece ser una actitud demasiado común en estos días; a menudo vivimos en la paradoja de tener un gran temor a la muerte y al mismo tiempo vivir distraídamente, como si la vida no estuviese exclusivamente compuesta de instantes como éste. Sin embargo las tradiciones contemplativas nos invitan a valorizar los instantes y aprovecharlos al máximo para cultivar nuestro potencial, para beneficio nuestro y también de los demás.

El Dalai Lama, con acostumbrada simpleza y claridad, apunta a la relación entre estar atentos y recordar la impermanencia y el aprovechar esta vida: “La ilusión de permanencia, o el no estar conscientes de la muerte, genera la noción equivocada de que vas a estar acá por un largo tiempo; y esto, a su vez, te lleva a invertir tiempo en actividades superfluas que te afectan a ti y a los otros”.

Práctica

La práctica de esta semana consiste en traer a la mente y familiarizarnos con la impermanencia en nuestro día a día. La perspectiva cercana y cotidiana de nuestra propia transitoriedad puede servir de motivación poderosa para no posponer la vida.
A menudo se cree que la meditación consiste simplemente en no pensar, en acceder a un silencio mental de paz y quietud; sin embargo la reflexión y el análisis son también fundamentales para obtener compresiones profundas sobre la vida y sobre nuestra situación. En las tradiciones contemplativas, y en particular en el budismo, existen prácticas de estabilización mental o de concentración (shamatha) que van a la par con prácticas de meditación analíticas (vipashyana) en las que el practicante se familiariza con un tema específico a través de la examinación y la investigación. La calma mental sin análisis puede efectivamente traer paz, pero no produce una transformación duradera.

La práctica que te propongo para esta semana es del segundo tipo, es decir, es una práctica que involucra análisis y reflexión. Esta semana te invitaremos a traer a tu mente la conciencia de la impermanencia, el valor de estar vivos ahora y de poder dedicar tiempo y energía al cultivo de la sabiduría y la compasión para el beneficio de todos los seres.

Acá te ofrecezco algunas guías para cultivar la reflexión de la impermanencia en lo cotidiano. La idea es tomar estas ideas, reflexionar sobre ellas, explorar si resuenan como ciertas en tu propia experiencia y derivar tus conclusiones. Como advertencia, me gustaría decir que generalmente tenemos tan arraigado el hábito cultural de negar la impermanencia y la muerte, que reflexionar sobre estos temas pude despertar un gran rechazo. Sin embargo, la aceptación de la realidad de la muerte y una reflexión abierta sobre ella nos puede conducir a una actitud mucho más vital que su negación. Es una de las paradojas de la vida. En cualquier caso, y como todas las prácticas que sugerimos, tú eres libre y responsable de seguir las sugerencias o de no hacerlo. Acá las contemplaciones*:

  • La muerte es inevitable. Ningún ser humano ha vencido la muerte por poderoso que haya sido durante su vida. Cada instante que pasa nos acerca más al momento de la muerte. Como incluso cuando estamos sanos hay poco tiempo para la práctica, es lógico no botar nuestro tiempo y energía y utilizarlos para cultivar cualidades de nuestra mente y corazón que sean de beneficio duradero para nosotros y para los demás.
  • El momento de la muerte es incierto. Aunque tendemos a imaginar que la muerte ocurrirá en algún momento lejano en el futuro, en realidad no lo sabemos. El cuerpo es frágil y muchas condiciones son necesarias para sostenerlo con vida. Si consideramos que la transformación de nuestros hábitos mentales es algo importante, el tiempo de hacerlo es ahora.
  • Al momento de morir, lo único que nos ayuda realmente son las prácticas transformativas que hayamos realizado. En ese instante, el dinero y los objetos acumulados no son de ayuda. Lo que es de mayor ayuda son los hábitos mentales que hayamos cultivado durante nuestra vida, incluyendo el desapego a posesiones y aceptación de la impermanencia.

Si deseas explorar esa práctica, dedica algún tiempo en tu semana para reflexionar sobre estos puntos, y ve qué surge de esto. Invítate amablemente a conectar con una motivación genuina de aprovechar este breve viaje en la vida para cultivar tus aspiraciones más profundas. Deja también que esta apreciación se expanda hacia la preciosa vida de los demás, desarrollando empatía y respeto incluso por quienes consideras muy distintos a ti, sabiendo que también son compañeros en este viaje tan único.

*Estas contemplaciones están basadas en el libro Becoming Enlightened, del Dalai Lama. Dalai Lama, and Jeffrey Hopkins. 2009. Becoming enlightened. New York: Atria Books.