“La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados… Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan sólo en sus formas más primitivas… Este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosa. En ese sentido, y sólo en ese sentido, pertenezco a las filas de los hombres religiosos devotos”. -Albert Einstein

¿De qué manera la ciencia puede aportar a la meditación? ¿De qué manera puede la meditación aportar a la ciencia?

Este fin de semana tuvimos la oportunidad de explorar estas preguntas a través de un diálogo colaborativo con un grupo de unas 60 personas en Madrid, en el contexto del Primer Foro de Meditación y Ciencia. Este foro fue co-organizado por varias agrupaciones españolas que trabajan en la intersección entre las tradiciones meditativas y diversos ámbitos de la sociedad, incluyendo la ciencia, la educación, la salud y la política. Gracias a la brillante facilitación de Gustavo Diex y Ana Arrabé de Nirakara, y al ánimo colaborativo de los asistentes, el día transcurrió fluidamente en el diálogo horizontal en grupos pequeños y en espacios de plenario, abordando el cruce entre meditación-ciencia desde la experiencia de cada uno.

Apertura del Primer Foro de Meditación y Ciencia. Impact Hub. Madrid, 12 de Diciembre. Foto: Gonzalo B.

Al participar de un diálogo inclusivo, no jerárquico y “de tú a tú” entre investigadores, educadores, meditadores, artistas, terapeutas, trabajadores sociales y algún economista que también llegó (y que aportó mucho), se vuelve palpable el potencial de descubrimiento que existe en los seres humanos cuando nos permitimos salir de nuestras posiciones de saber y poder, cuando abrimos las orejas y la mente para escuchar al otro desde su experiencia y nos hacemos las preguntas fundamentales desde una mente de principiante. Por supuesto, la mente de principiante no implica olvidarse de lo que hemos aprendido a través de nuestra experiencia, sino más bien de estar abiertos a no controlar el resultado actuando desde nuestra parcela de seguridad y confianza, de manera que nuevas respuestas creativas puedan emerger desde la inteligencia colectiva. Esa apertura permitió que en el transcurso de la jornada emergiesen orgánicamente círculos de conversación y trabajo sobre temas como: meditación y ecología; investigación longitudinal en meditación; meditación en la educación; meditación y acompañamiento en cuidados paliativos; el equilibrio entre el ser y el hacer; mapeo de recursos sobre meditación y ciencia; mindfulness y política, entre muchos otros.

Primer Foro de Meditación y Ciencia. Impact Hub. Madrid, 12 de Diciembre. Foto: Nirakara.

Un hilo temático que estuvo subyacente en varias de las conversaciones de ese día es el de la importancia de encontrar lenguajes comunes que puedan servir de puentes en el diálogo entre las prácticas meditativas —provenientes de tradiciones culturales y religiosas— y el mundo secular occidental. La ciencia puede cumplir un rol central en construir este lenguaje, aunque, como advirtieron varios participantes en el foro, este lenguaje tiene que despojarse de los dogmas reduccionistas y materialistas que convierten a la ciencia en otra religión dogmática, lo que algunos han llamado “cientismo” (Tart, 2010). Una ciencia radicalmente empírica no tendría por qué rechazar a priori los fenómenos subjetivos e intersubjetivos como objetos de estudio científico, en favor exclusivo de los fenómenos materiales. Precisamente ese es el aporte de algunos paradigmas emergentes en el cruce entre meditación y ciencia —entre ellos la neurofenomenología de Francisco Varela— en los cuales es posible estudiar un fenómeno integrando la perspectiva subjetiva (1ª persona), inter-subjetiva (2ª persona) y objetiva (3ª persona).

Es posible y necesario abrir un espacio fructífero de encuentro entre meditación y ciencia en el cual ambos mundos se despojen de sus dogmatismos y se encuentren como caminos legítimos y complementarios de descubrimiento y de alivio del sufrimiento. En ese espacio podemos prestar atención a las realidades simples de nuestra humanidad compartida: Todos tenemos un cuerpo, un cerebro y una mente bastante complicados y con motivaciones contradictorias; todos enfrentamos actualmente crisis sistémicas y globales con un cerebro que evolucionó tribalmente; todos deseamos la felicidad y el alivio del sufrimiento y todos estamos más o menos confundidos acerca de cómo conseguirlo. Todos tenemos una mente con la que tenemos que lidiar desde la mañana hasta la noche, y esta mente puede ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo. La meditación es precisamente una herramienta para familiarizarnos con el funcionamiento de nuestra mente y para cultivar hábitos mentales, emocionales e incluso físicos que pueden favorecer el florecimiento personal y colectivo.

Les dejo un breve vídeo de Matthieu Ricard, una de las personas que más ha aportado en el diálogo entre meditación y ciencia en las últimas décadas. Matthieu ha jugado muchos roles en ese diálogo: ha sido investigador, ha sido sujeto experimental, ha sido meditador profesional (monje) desde hace unos 40 años, ha publicado artículos científicos en las mejores revistas, y también libros sobre meditación y de divulgación científica en el cruce entre meditación y ciencia. También ha sido miembro clave del Instituto Mente y Vida (Mind & Life Institute), generando puentes y encuentros regulares entre contemplativos y científicos. Sin embargo, quizás lo más admirable de este hombre, es que encarna plenamente esa humildad y apertura de mente que, según creo, es la actitud fundamental para entrar juntos en este emergente diálogo.

Matthieu Ricard: Altruismo y Neurociencias (subtitulado)