Caminando hoy por la Avenida Perú, en Viña del Mar, mi amiga Magdalena me preguntó cuál era mi intención para el 2019. Lo que vino a mi mente fue esto: “practicar mantener el corazón abierto”. Creo que este deseo surge de la conciencia de que cualquiera sea la condición externa en la que me encuentre, cuando mi corazón está cerrado todo se contrae y se congela. Incluso las condiciones favorables o situaciones placenteras se transforman en algo denso, pesado y contraído. Por el contrario, cuando el corazón permanece abierto, no solo lo que es disfrutable en la vida brilla con más fuerza, sino que incluso los momentos dolorosos y situaciones complejas se transforman en fuentes de sentido y aprendizaje que nos conectan hacia afuera y hacia dentro. El corazón abierto nos ofrece un sentido básico de pertenencia hacia la vida.

Quizá hayas tenido un año difícil, tal vez un año raro, quizá lo calificarías como un buen año.  Si lo revisas con cierto detenimiento, verás que lo que define más profundamente la calidad de las experiencias vividas es la actitud que hayas traido a lo vivido. Por eso creo que una buena intención para este nuevo año es practicar abrir… abrir espacio hacia adentro, abrir espacio hacia afuera. El gesto compasivo fundamental hacia los otros y hacia nosotros mismos es ofrecer espacio, el espacio cálido del corazón abierto.

Quiero compartir con ustedes un capítulo del libro “Training in Tenderness” (Entrenamiento en la Ternura; Shambhala Publications, 2018), de Dzigar Kongtrul Rinpoche. Uno de los regalos improtantes para mí de este 2018 fue descubrir las enseñanzas de Dzigar y comenzar a aprender de él en retiro, a través de sus escritos y de un grupo de estudio. Este libro de DKR está dedicado a Tsewa, que podríamos definir como la semilla del cuidado y la ternura que yace en el corazón de todos los seres. Es desde Tsewa, esta esencia de cuidado, de donde surge el amor, la compasión y la alegría. Esta semilla de cuidado es parte de nuestra herencia evolutiva que conecta toda las formas de vida en un anhelo profundo de felicidad.

Advierto al lector que este capítulo incluye consideraciones que están un paso más allá del lenguaje y el pensamiento habitual de la ciencia natural (por ejemplo al plantear la posibilidad de la iluminación). Sin embargo, te invito a abrir tu mente y leer desde la curiosidad y la humildad de reconocer que realmente no sabemos cuál es el límite superior del potencial del corazón humano. Y en este sentido, si la imaginación define el horizonte de lo posible, ¿por qué no permitirnos imaginar un tipo de desarrollo que efectivamente pueda traer felicidad genuina a nosotros mismos y a los demás?

Que lo disfrutes… y que este nuevo año puedas practicar vivir con el corazón abierto.

El corazón tierno es una semilla

por Dzigar Kongtrul Rinpoche.

Traducción: Gonzalo Brito.

Uno de los textos más apreciados y estudiados de la filosofía budista es la Introducción al Camino Medio de Chandrakirti, compuesto en India en el siglo VII. El comienzo del libro es sorprendente: aunque Chandrakirti está escribiendo un tratado riguroso sobre la naturaleza última de la realidad, él comienza rindiendo homenaje a Tsewa, el corazón tierno. Su homenaje utiliza tres metáforas. Al comienzo, tsewa es una semilla. En la mitad, tsewa es el agua que hace crecer la semilla. Finalmente, tsewa es la abundancia de la fruta madura.

Ya hemos visto algunos ejemplos de cómo tsewa tiene la fuerza generativa de una semilla. De muchas maneras, la calidez que nos han expresado nuestra madre y nuestros seres queridos nos han convertido en lo que somos. Tsewa no solo nos ha ayudado a sobrevivir, también ha ayudado a sobrevivir a toda la raza humana y a las demás especies en este mundo. El poder de tsewa está en el corazón del proceso creativo de la vida. Está en el corazón de la misma Madre Naturaleza.

Incluso una creatura como la tortuga marina, conocida por abandonar sus huevos aparentemente sin ninguna preocupación, está motivada por tsewa. Las tortugas marinas viajan miles de millas para poner sus huevos en una playa particular. Dejando la seguridad del océano, la madre se arrastra por la arena durante la noche para cavar un agujero suficientemente profundo para cobijar a unos doscientos huevos. Después de poner los huevos, cubre el agujero, lo camufla con arena seca y vuelve al mar. Si la tortuga es interrumpida durante el proceso, vuelve a entrar al mar para esperar y luego vuelve a la playa para intentarlo de nuevo. Aunque los huevos quedan solos, el tremendo esfuerzo de la madre para generar las condiciones más favorables para su nacimiento es un signo de su corazón tierno hacia sus crías. Tsewa puede tomar muchas formas externas. Algunas de ellas pueden resultarnos poco familiares, pero en esencia, siempre está esa misma cualidad del flujo natural de la ternura.

Tsewa también es la semilla que sirve como base para desarrollar todas nuestras cualidades positivas, las cuales no tienen límite. El Dharma enfatiza la importancia de la compasión, la que usualmente se define como el deseo de que los seres estén libres del sufrimiento y de las causas del sufrimiento. Una manera tradicional de generar compasión consiste en pensar en un ser sintiente en una situación dolorosa, como por ejemplo una vaca que está a punto de ser sacrificada. Esto puede generar una gran preocupación por la vaca. La práctica puede hacernos sentir responsables de hacer algo por las vacas, como rescatarlas o eliminar las causas por las que son asesinadas. Podemos volvernos activistas en defensa de los animales o dejar de comer carne. Incluso si no hay nada que podamos hacer en este escenario, la preocupación continúa en nuestra mente. Las circunstancias pueden ser demasiado complejas, involucrando múltiples factores y puede que no tengamos el poder de ayudar. Pero la preocupación y el sentimiento de responsabilidad están ahí cada vez que pensamos en la situación de la vaca.

Este tipo de compasión es un estado mental importante y maravilloso que se puede cultivar. La práctica aumenta nuestra conciencia de los demás y tiene un impacto directo en nuestra conducta. Cuando nos pasamos bastante tiempo reflexionando sobre el sufrimiento de los demás se hace más difícil maltratarlos. Nos volvemos más conscientes de cómo hablamos y se nos hace más difícil seguir nuestros caprichos egoístas sin tomar en cuenta sus consecuencias. Más aún, nuestro propio sufrimiento deja de parecernos excepcional como creíamos antes. Nos damos cuenta de que todos los seres sintientes se encuentran en el mismo barco. Algunos están atravesando mucho más sufrimiento que otros, pero todos somos vulnerables.

Pero sin importar cuán magníficos sean los resultados de esta práctica, existe una forma más alta de compasión a la cual podemos aspirar. Se trata de la compasión que está completamente impregnada con tsewa. Si un corazón cálido y tierno no está en el centro de nuestra compasión, nuestro sentido de responsabilidad puede sentirse más como una obligación. Nuestra preocupación por los demás puede volverse una carga desagradable que nos agobia y nos hunde sin beneficiar a nadie. Cuando nuestra compasión no proviene de su fuente más natural y efectiva, tsewa,  se vuelve algo artificial y demasiado conceptual. Aunque estemos pensando en el bienestar de los demás, existe un fuerte sentido del yo: esto es lo que yo quiero, lo que yo creo que es lo correcto en esta situación. Cuando hay demasiado apego a nuestra propia perspectiva hay poco espacio para ver las cosas como realmente son y de actuar de maneras que sean realmente beneficiosas. En cambio, nos volvemos pesimistas, densos y sombríos.

Entre los más grandes ejemplos de compasión en mi vida están su santidad el Dalai Lama y mis principales maestros: Dilgo Khyentse Rinpoche, Tulku Urgyen Rinpoche, Trulshik Rinpoche, y Nyoshul Khen Rinpoche. Cuando miro a cualquiera de estas personas, no veo ninguna pesadez. El Dalai Lama perdió su país y ha pasado gran parte de su vida en el exilio. Ha sido testigo de tremendos sufrimientos y se siente personalmente responsable por el bienestar de muchos seres, no solo tibetanos, sino incluso a quienes pueden considerarse sus enemigos. Sin embargo, continuamente emana alegría y calidez, lo cual es evidente para toda la gente que entra en contacto con él. Esto es porque su corazón está siempre abierto, día y noche, expresando y recibiendo tsewa.

Cuando emerge desde la semilla de tsewa, la compasión se siente alegre, incluso frente al sufrimiento inmediato. Por ejemplo, si tu ser querido está enfermo o con un dolor, naturalmente hay mucho estrés y ansiedad en el aire. En ese punto puedes pensar: “este dolor es demasiado para mí, me largo”. Puedes cerrar tu corazón e irte, ya sea saliendo por la puerta o distanciándote emocionalmente de la situación. Puedes elegir mantenerte ignorante sobre el sufrimiento de tu ser querido. O puedes elegir mantener el corazón abierto y permitir que tsewa fluya. En este último caso, tendrás que compartir el estrés y la ansiedad y tendrás que hacer que el sufrimiento de tu ser querido se vuelva una experiencia compartida y común entre los dos. Pero esta forma de compartir contiene una gran alegría. A veces nuestra ternura nos hace sentir extasiados, otras veces nos genera un dolor en el corazón. Pero incluso con el corazón adolorido, podemos experimentar un gran gozo, el gozo de un corazón que está abierto, conectado y floreciendo en su elemento natural de tsewa.

Quienes hayan adquirido el gusto por tsewa siempre elegirán dejarla fluir en vez de cerrar el corazón. Conociendo la satisfacción profunda de un corazón cálido y abierto nos hace sentir menos apegados a las cosas que usualmente nos obsesionan: nuestro cuerpo, nuestras posesiones, nuestro tiempo, nuestras distracciones, o nuestro privilegio de hacer algo agradable por nosotros mismos como recibir un masaje. No se trata de rechazar todas las cosas agradables de la vida, pero nos damos cuenta de que ninguna de ellas es tan disfrutable, significativa o beneficiosa como mantener nuestro corazón abierto. A veces me hago esta pregunta: “¿Preferiría el Dalai Lama dar una enseñanza o ir a un spa a recibir un masaje shiatsu?” Incluso si su cuerpo necesitara el masaje, creo que probablemente elegiría la enseñanza porque eso le permitiría expresar su tsewa.

Junto a la compasión, las enseñanzas budistas enfatizan la bondad amorosa, que es el deseo de que los seres sean felices y que estén en contacto con las causas de la felicidad. Una manera tradicional de generar bondad amorosa consiste en observar nuestro anhelo constante de felicidad y de sus causas. Luego contemplamos cómo los demás tienen el mismo deseo de manera tan intensa como nosotros lo tenemos. Cuando comprendemos que no somos distintos a los demás seres respecto a este anhelo, vemos qué poco sentido tiene preocuparnos más por nosotros mismos que por el bienestar de los demás. Hacemos esto simplemente por hábito, un hábito ignorante. En este punto, cuando nos hemos dado cuenta de nuestro hábito, dirigimos nuestra mente hacia los demás, deseándoles tanta felicidad como nos la deseamos a nosotros mismos. De esta forma, en nuestra vida cotidiana tratamos de comportarnos de acuerdo con este deseo, siendo amables con nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros pensamientos.

Al igual que con la meditación en la compasión, hay gran beneficio en este tipo de contemplación. Pero la bondad amorosa también está incompleta si no surge del corazón tierno. Sin el brillo de tsewa el deseo de la felicidad de los demás puede ser superficial. Puede que simplemente hablemos de la bondad amorosa sin encarnarla. O peor aún, esta mentalidad positiva puede mezclarse con elementos menos constructivos. Por ejemplo, podemos expresar amabilidad a los demás para probarles (a ellos o a nosotros mismos) que somos buenos. O podemos imponer en los otros nuestras propias ideas sobre lo que es bueno para ellos, haciendo que nuestras propias opiniones sean más importantes que sus verdaderas necesidades. Esta bondad inauténtica viene con un montón de expectativas. A veces genera beneficios de todas maneras, pero cuando no se obtiene el resultado deseado puede generar el efecto contrario. Nos podemos sentir traicionados y resentidos e incluso podemos actuar agresivamente. Esto puede hacernos sentir desesperanzados respecto a nuestro camino espiritual y preguntarnos por qué nos habremos comprometidos con un esfuerzo tan inútil.

Por otro lado, cuando nuestra bondad amorosa proviene de tsewa, tenemos la alegría de sentir que la alegría de otro es nuestra propia alegría. En vez de quedarnos enredados en una infinidad de ideas y en expectativas neuróticas, confiamos en la energía simple y no conceptual que fluye desde nuestro corazón cálido y abierto. A veces nuestras acciones amables benefician a los otros y a veces no, pero nuestro amor nunca se vuelve amargo porque estamos desilusionados con el resultado. Y nuestros deseos hacia los demás nunca se vuelven mecánicos. Cuando nuestra bondad amorosa está completamente impregnada de tsewa es cálida y sincera, como el amor de una madre. Cuando una madre dice “espero que mi hijo sea feliz”, no está simplemente diciendo palabras vacías.

Los cálidos deseos que se encuentran dentro de la bondad amorosa y de la compasión, los deseos de que los seres sean felices y estén libres del sufrimiento, pueden tomar muchas formas específicas. Podemos desear que los hambrientos tengan comida, que los pobres tengan riqueza, o que los solitarios tengan compañía. Como no hay un límite para las necesidades y los deseos de los seres sintientes, no puede haber límites para nuestras intenciones para los demás. Pero de todos los deseos que podemos tener para los demás, ¿cuál es el deseo más amable y más grande de todos? Si queremos que nuestro tsewa tenga su significado más vasto posible, esta es una pregunta que debemos hacernos. Imagina que una madre quiere comprar un juguete para el cumpleaños de su hijo. ¿Debiese comprar un objeto brillante y de baja calidad que le dé al niño solo algunos minutos de placer y que acabe en la próxima venta de garaje? ¿o debiese encontrar algo que esté bien hecho y que tenga un valor duradero? Si la madre quiere lo mejor para su hijo, ella buscará algo de mejor calidad que le ofrezca al niño un disfrute sano por un largo tiempo.

Cuando abrimos nuestro corazón a su ternura innata y dirigimos esa calidez hacia la bondad amorosa y la compasión, experimentamos un amor por los demás similar al amor de una madre por su hijo. Como la madre, tenemos un deseo profundo de que los otros tengan lo mejor. Por supuesto que nos interesa que tengan comida, abrigo, comodidad y otras necesidades básicas, pero queremos mucho más que eso para ellos. Muchas personas tienen todas sus necesidades básicas cubiertas, pero ¿cuánta gente está realmente satisfecha? ¿Cuántos sienten que tienen todo lo que podrían desear y al mismo tiempo no están ansiosos de perder lo que tienen? ¿Cuántos han trascendido todas sus expectativas y miedos, incluyendo el miedo a la muerte? ¿Cuántos han alcanzado un nivel supremo de felicidad que no disminuye de acuerdo a las circunstancias? Si una madre supiese que su hijo puede alcanzar este nivel de felicidad, ¿no sería éste su deseo más profundo para su hijo? ¿Qué razón podría tener para desear cualquier otra cosa menor?

Cada ser sintiente tiene el potencial para alcanzar un estado de felicidad completa, sin fluctuaciones y sin la menor mancha de sufrimiento. Este estado, que es la verdadera naturaleza y el derecho de nacimiento de todos es a lo que nos referimos cuando usamos la palabra iluminación. El potencial universal para alcanzar la iluminación no es un conocimiento común. Cuando examinamos nuestra propia mente y vemos cuánto conflicto y confusión hay, nos resulta prácticamente imposible que algún día podamos descansar en un estado constante de paz y gozo. Y cuando miramos a otras personas o animales, puede parecernos aun más improbable que ellos puedan alcanzar este potencial.

Por otra parte, el comportamiento de los seres sintientes demuestra que, en lo profundo, todos sentimos este potencial dentro de nosotros. Una de las palabras tibetanas para designar a los seres sintientes es drowa, que significa literalmente “en movimiento”. Estamos constantemente en movimiento hacia lo que sentimos que nos va a traer felicidad y alejándonos de aquello que sentimos que nos va a traer sufrimiento. ¿Por qué somos tan heroicamente persistentes, pese a nuestro largo y trágico registro de fracasos? Es porque nuestra intuición nos dice que de alguna manera aun podemos lograrlo. Intuitivamente comprendemos que las causas de nuestra confusión y sufrimiento pueden ser eliminadas. No son intrínsecas a nuestro ser. Intuitivamente, todos los seres sintientes intuyen su propia naturaleza iluminada y saben que hay una manera de despertar a esta naturaleza y unificarse con ella.

Esta inteligencia profunda, aunque esté muy oscurecida, nos dirige en cada momento de nuestras vidas. Es por esto que los seres sintientes nunca dejan de moverse. Es por esto que nunca nos rendimos. En este sentido, podemos decir que todos estamos buscando la iluminación. Ahora mismo, algunos pueden estar viajando por un camino directo y eficiente, mientras que otros pueden estar dando vueltas ciega y patéticamente, pero todos deseamos alcanzar el mismo destino.

Si comprendes que el deseo más profundo de todos los seres es despertar a su verdadera naturaleza, entonces ¿cuál es la aspiración más vasta y noble que puedes generar para ti mismo? Esta aspiración consiste en volverse un guía perfecto que pueda ayudar a todos estos seres, cada uno de ellos, a alcanzar la iluminación. Y ¿cómo puedes convertirte en un guía perfecto? La única manera es alcanzar la iluminación tú mismo.

Cuando despiertas a tu verdadera naturaleza, alcanzarás el mismo nivel de tsewa que el Buda, que se interesa por el bien de todos los seres sintientes tal como una madre por el bienestar de su único hijo. Junto con ver tu tsewa florecer completamente, también verás el florecimiento completo de tu conocimiento y de tu poder para beneficiar a los demás. Con estas cualidades, serás un guía perfecto.

La aspiración de alcanzar la iluminación para guiar a todos los demás seres hacia la iluminación se llama bodhichitta, una palabra sánscrita que significa “mentalidad del despertar”. Aquellos que viven de acuerdo con la bodhichitta, quienes dedican su tiempo, energía y pasión a esta búsqueda altruista se llaman bodhisattvas. En el momento en que orientamos nuestros corazones en esta dirección, también comenzamos a ser bodhisattvas. Incluso con todas nuestras neurosis y nuestra confusión, somos buenos candidatos para caminar el camino del bodhitsattva. El único requisito es tener la semilla de tsewa.

Finalmente, cuando este camino nos lleva hasta la madurez completa, cuando realizamos nuestro potencial último, estamos iluminados. Somos un buda, que significa “despierto”. El Buda histórico vivió en India hace veinticinco siglos, donde mostró el camino a la iluminación y las cualidades que uno obtiene como resultado. Cuando tú y yo nos convirtamos en budas, nuestra mente y corazón no serán diferentes a los de este ser sublime.

Cuando eres un Buda y miras hacia atrás a tu evolución, verás de donde surgió este estado: de la semilla de tsewa, el mismo corazón tierno que ya conoces. Chandrakirti lo pone de esta manera: “Los Budas vienen de los bodhisattvas, los bodhisattvas vienen de la bodhichitta, y la bodhichitta viene de tsewa”. Es por esto que el gran filósofo honra a tsewa con este alto homenaje.