En la experiencia de mis pacientes y también en mi experiencia personal veo que la relación más compleja y sufriente, es la relación con nuestra propia mente. Anne Lammot alguna vez lo puso en estos términos: “Mi mente es como un barrio peligroso, trato de no andar sola por ahí”.  

Una voz interior importante en la generación de sufrimiento y que está a la base de la depresión, es la voz del crítico interno. La voz autocrítica, que se desarrolla como un mecanismo hasta cierto punto útil y necesario para ver y reparar el daño que podemos hacer a otros y a nosotros mismos, a menudo se ve hipertrofiada de una manera sufriente y que no sirve a nadie.

En sociedades aceleradas, competitivas y centradas en el éxito como fuente de identidad y esperanza (inalcanzable) de felicidad, la sensación de no ser nunca suficientes está a la orden del día, incluso en los niños. Más aun, la publicidad cada vez más algoritmizada para identificar nuestras inseguridades y  las redes sociales que han potenciado el culto a la imagen y el exitismo han multiplicado las oportunidades de vernos reflejados pobremente en espejos distorsionados. Todo estos factores sociales se pueden sumar, a nivel personal, a la crianza en contextos familiares que no han ofrecido una base segura o han condicionado el amor a ciertos estándares de éxito, belleza o competencia.

Este sencillo pero potente corto de 5 minutos escrito por la psicóloga noruega Anne Hilde Vassbø Hagen con input de Leslie Greenberg y Paul Gilbert refleja los efectos psicológicos de la voz crítica y también los beneficios de cultivar una voz compasiva interior (el “Yo Compasivo” de la Terapia Centrada en la Compasión, CFT). Esta voz alternativa no solo puede ofrecer a la persona una perspectiva distinta que tiene gran calidez y motivación de cuidar, sino que también tiene la fortaleza interior de enfadarse constructivamente y poner límites asertivos al abuso que viene desde afuera y desde dentro.

Gracias a Maca Kolubakin y Raimundo Bastidas por los subtítulos en castellano.