Ninguna historia compleja cabe en una narrativa simple. Todos deseamos ser vistos con ojos que abran posibilidades.

Lentamente se cierra la pesada puerta de acero dejando en el aire un eco metálico. Adentro de la sala hay un círculo formado por veinticinco hombres y una mujer sentados en sillas de plástico. Los hombres están cumpliendo, en su mayoría, cadena perpetua por la peor decisión que tomaron en su vida. Para muchos de ellos eso ocurrió en su adolescencia o adultez temprana, décadas atrás. Lara, la única mujer en el círculo, ha conducido su coche como cada jueves por los 225 kilómetros desde su casa en Nueva Orleans para compartir las tres próximas horas con ellos haciendo prácticas de compasión y explorando cuál es la mejor vida que pueden vivir.

Es la quinta semana del programa de Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión (CCT) en la Prisión Estatal de Angola, Louisiana y esta sesión está centrada en la perspectiva de la humanidad compartida, la interdependencia y la empatía. En una de las prácticas de esta sesión, los presos se sientan en parejas frente a frente y escuchan en silencio atento el relato de la persona que tienen al frente, imaginando cómo se sentiría vivir lo que está contando el compañero. Después de escucharse atentamente, la práctica guiada los lleva a verse el uno al otro desde la perspectiva de la humanidad compartida, es decir, tomando conciencia de que, “tal como yo”, el otro es un ser humano que desea ser feliz y estar libre del sufrimiento y, tal como yo, tiene sueños, deseos y aspiraciones… miedos, rencores y remordimientos. Tal como yo, el otro desea ser visto y tratado con respeto en vez de ser reducido a una categoría que lo estigmatice y lo anule en sus posibilidades. Tal como yo, el otro desea amar y ser amado. Siendo humanos, todos deseamos ser vistos con ojos que nos abran posibilidades en vez de cerrarlas.

Lara Naughton. Instructora Certificada del Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión (CCT). Dirige talleres de escritura para prisioneros de la New Orleans’s Parish Prison y dirige el departamento de escritura creativa en el Centro de Artes Creativos de New Orleans.

Lara Naughton es una compañera instructora del programa de Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión (Compassion Cultivation Training program, CCT) quien ha llevado este programa dentro de la prisión de Angola. Lara es sobreviviente de un crimen violento, el mismo tipo de crimen que posiblemente hayan cometido algunos de sus alumnos con quienes ella se sienta semanalmente para explorar el significado de la compasión. Cuando pienso en esta escena, inevitablemente viene a mi mente la imagen del bodhisattva Ksitigarbha, el héroe/arquetipo que voluntaria y corajudamente va a los reinos infernales para ayudar a las almas condenadas.

Los presos conocen la historia de Lara y la respetan enormemente. Ella ha narrado en su libro The Jaguar Man la experiencia de haber sido secuestrada por un hombre que se hizo pasar por taxista y que la agredió sexualmente en un viaje de vacaciones en Belize. Para Lara, la compasión ha sido central en su proceso de recuperación y florecimiento después del trauma y cree firmemente en que tanto los sobrevivientes como los perpetradores tienen derecho a encontrar sanación, dedicando activamente su energía a hacer precisamente esto dentro de la prisión de Angola, creando espacios de salud y esperanza dentro de un lugar árido.

Con el apoyo del Compassion Institute, Lara ha puesto en marcha un programa amplio centrado en la compasión en la prisión de Angola, la cual alberga a más de 6,000 hombres, convirtiéndola en la prisión de máxima seguridad más grande de los Estados Unidos. Además de los programas CCT de 8 semanas, se transmiten “Despachos Compasivos” a través del circuito cerrado de televisión de la prisión, los cuales enseñan temas y prácticas de mindfulness y compasión. También se organizan talleres de mindfulness y compasión para funcionarios y gendarmes de la prisión y “Días de Compasión” en los cuales los prisioneros junto a defensores de los derechos de víctimas, abogados, profesionales y líderes comunitarios se reúnen para asistir a una conferencia centrada en la ciencia y la práctica de la compasión.

El vídeo que verás a continuación contiene algunos testimonios de los alumnos de los primeros programas CCT que Lara ofreció en la prisión de Angola. Es probable que al verlo notes que algunos prejuicios que tengas sobre personas categorizadas como “hombres cumpliendo cadena perpetua” se pongan en cuestión… y es normal. Nuestra mente se siente más cómoda en la simplicidad de la dicotomía “bueno/malo”. Sin embargo, la realidad es majaderamente más compleja de lo que nuestra mente preferiría. La observación cuidadosa de los demás nos interpela reflejando no solo la complejidad de los otros, sino también la nuestra. Alexander Solzhenitsyn apunta a esta misma idea fundamental cuando escribe:

¡Si fuera tan simple! ¡Si por un lado existieran hombres oscuros que traman malignamente obras oscuras y bastase con distinguirlos de los demás y destruirlos! Pero la línea que separa el bien del mal atraviesa el corazón de cada uno. ¿Quién destruiría un trozo del propio corazón? En el transcurso de la vida de un corazón aquella línea se desplaza… El mismo hombre se convierte, a diferente edad, en diferentes situaciones, en otra persona completamente diferente. Nos paramos estupefactos frente a la fosa en la que estábamos allí, allí, para empujar a nuestros adversarios: es por puro azar que los verdugos no seamos nosotros, sino ellos”.

Te invito a ver este vídeo con calma y ver qué sentimientos y pensamientos surgen en ti.

 

 

¿Cómo es posible que se abra una esperanza en la oscuridad del árido contexto de Angola, con barrotes de hierro, alambre de púa y celdas pequeñísimas? Algunos de estos hombres pasan 23 horas al día en confinamiento solitario. ¿Cómo es posible abrir una puerta a la humanización en este contexto? La respuesta es compleja pero también asombrosamente simple: Porque adentro no hay monstruos, sino seres humanos. Seres humanos que han cometido errores graves y que han generado grandes sufrimientos a partir del propio y que no han tenido la suerte de haberse formado en ambientes humanizantes que no sacasen a la luz el potencial que tenemos todos de hacer algo que nos deje tras las barras el resto de la vida. La compasión es una perspectiva desafiante que nos invita a abrir nuestra imaginación moral a la realidad de que nada humano nos es ajeno.

Es muy difícil sanar en un ambiente como la prisión de Angola. Y esto se vuelve aún más difícil cuando la narrativa dominante de la sociedad es que te mereces sufrir hasta el fin de tu vida y no tienes capacidad de cambiar. La experiencia de Lara en Angola demuestra que esa narrativa no tiene sustento en la realidad. Aunque nos pueda parecer una situación muy ajena, si nos detenemos a mirarnos sinceramente, también nos encontraremos con narrativas limitantes que nos aprisionan en estrechos horizontes de posibilidad. Lo que nos contamos sobre nosotros mismos y sobre los demás y lo que los demás cuentan sobre nosotros son historias que generalmente son demasiado simples para ser verdad. Acabamos viendo a los otros y a nosotros mismos como caricaturas unidimensionales en vez de asumir nuestra complejidad. Ver la complejidad en cada ser abre espacio para el asombro. Y mirar con ojos asombrados es el gesto liberador fundamental, tanto para el que lo ofrece como para quien lo recibe.

Esto es profundamente relevante dentro y fuera de prisión. Mantener nuestro corazón abierto como seres humanos es un desafío y una práctica de vida. Este frágil mundo humano seguirá estando en alto riesgo mientras siga amenazado por las hostilidades polarizantes de la mente dicotómica tribal. Hoy en día necesitamos desesperadamente la medicina de la pers

pectiva de la humanidad compartida, la interdependencia y la motivación compasiva como motor colectivo de transformación para crear culturas con un profundo respeto a la vida y la diversidad. Las ideas populistas de los muros y las falsas promesas de hacer EE.UU., España u cualquier otro país “Great Again”, demonizando a los que están al otro lado de ese muro aunque el problema esté casi siempre de este lado, seguirán calando en la mente colectiva (la cultura) mientras la compasión no se vuelva un valor central y universal.

Cuando Lara se sienta con estos hombres a hacer prácticas de compasión, una situación que podría fácilmente gatillar la respuesta postraumática en alguien que ha sobrevivido a un crimen violento, ella tiene la sabiduría de ver que la violencia no es nunca la historia completa, y que el daño que alguien inflige o recibe nunca es la suma total de su vida. Ella sabe que los seres humanos somos complejos y enrevesados, así que cuando las narrativas son concisas y monotonales podemos estar seguros de que es incompleta. Ninguna historia completa cabe en una narrativa simple. En palabras de Lara:

En nuestro grupo hemos notado cómo nuestras historias usualmente están basadas en conflictos y perspectivas de maldad. Y somos maestros de este arte. Contar historias es un ritual tan antiguo como el lenguaje; es lo que utilizamos para crear orden y tratar de comprender el mundo. El problema es que cuando basamos nuestras historias en el miedo y en la ira, las historias mismas acaban creando sufrimientos y diferentes formas de caos.  Cuando finalmente hacemos una pausa y tomamos una perspectiva más amplia, podemos ver que junto al dolor está el impulso humano de movernos más allá del mismo, y que existe en cada uno el deseo natural de ser felices y estar bien. Cuando comenzamos a enfocar nuestras historias en la sanación, la compasión y el cambio, las experiencias en nuestras vidas cambian. Y estamos mejor preparados para contar la historia de nuestra humanidad compartida.

Cuando estamos atrapados tras los barrotes de narrativas solidificantes podemos comenzar por recordar que una sola respiración puede perforar y atravesar esa narrativa. El aire de la plena conciencia puede evaporar lo que parece sólido abriendo espacios para nuevos relatos. La perspectiva compasiva, a su vez, nos ayuda a reconocer al individuo completo y complejo y reconectar con nuestra humanidad compartida.

Naturalmente, la compasión ya estaba presente en Angola antes de la llegada de Lara y del programa CCT. Muchos de los hombres que han estado en prisión por décadas se han dedicado por años a ser líderes compasivos dentro de la institución sirviendo como pastores, consejeros legales, maestros, mentores, y cuidadores de enfermos y moribundos. Como en cualquier otro contexto donde ofrecemos el programa CCT, en Angola la compasión se entrena a partir de las semillas de compasión que ya están presentes en las personas y en los contextos donde se encuentran. Se trata más bien de expandir una cualidad inherente de la mente y el corazón humano y no de crear algo que no existía antes. Sin embargo, existe un gran beneficio en el hecho de contar con la estructura hábil de un programa que integra conocimientos y prácticas graduales para el cultivo de la compasión en un lenguaje universal.  De esta manera, las personas pueden adquirir herramientas específicas para su vida diaria, tanto dentro como fuera de las puertas de la prisión, y co-crear espacios para un contacto en primera persona entre prisioneros y miembros de la comunidad que pueden trabajar juntos para generar nuevas y mejores formas de pensar la justicia y la sanación individual y colectiva.