Querida comunidad:
Comparto algunos recursos asociados a nuestro encuentro del 22 de diciembre.
- Los audios de las dos prácticas guiadas.
- El audio de la charla entre las dos meditaciones: «El regalo fundamental»
- Una transcripción de mi charla de ese día (ver más abajo)
- El Poema: Un Claro de Marta Postlewaite
Charla de Gonzalo Brito – «El Regalo Fundamental»
Sobre la práctica, el detenerse, y recursos para navegar el fin de año. 22 de diciembre, 2024
Muy bien, amigas y amigos. Ha sido nuestra primera práctica. Me gustaría hacer dos prácticas con ustedes hoy.
Aquí voy a hacer una pequeña pausa. Si necesitan cambiar de posición, moverse, estirarse, ponerse de pie, lo que necesiten, lo que quieran, háganlo.
Y ahora me gustaría tomar algunos minutos para presentar un par de ideas. Un par de ideas o perspectivas que pienso que quizás pueden ser de ayuda en estos días.
Sobre la práctica y el cambio de estado
Si quieren, pueden poner en el chat alguna palabra que haya surgido de la práctica que hicimos. Puede ser algo que hayan notado o el efecto que haya tenido.
Empiezan a aparecer palabras: calma, espacio, tranquilidad, apertura, agradecimiento, quietud, armonía, conexión, plenitud, unidad, descanso, presencia consciente, motivación.
Entonces, cuando nos detenemos a ver estas palabras compartidas, notamos que nuestro sistema está abierto al cambio de estado. Nuestro cuerpo, nuestra mente, pueden beneficiarse de la intención de cultivar una disposición más constructiva.
Básicamente, cuando decimos “vamos a hacer una práctica de meditación”, lo que estamos diciendo en un nivel es: “Voy a llevar mi cuerpo y mi mente a un estado constructivo”. ¿Estarían de acuerdo con eso? Llevar mi cuerpo a un estado de cierta calma, apertura, enraizamiento, eje.
Habitualmente, cuando estamos muy en la ansiedad, que es muy común en estos días del año, estamos principalmente en la cabeza: mucho pensamiento, mucho movimiento, mucho plan, mucha lista interminable. Entonces, bajamos la energía, y la energía sigue a donde llevamos la atención.
Llevamos la atención hacia los pies, las caderas, el peso del cuerpo que nos ancla, la espalda firme, el pecho suave, la leve sonrisa. Estamos cultivando un cuerpo de presencia, calma y disponibilidad. Ese cuerpo obviamente trae un beneficio a uno mismo, pero también es el cuerpo más óptimo para el encuentro con otro.
Para el encuentro con un paciente en terapia, con un amigo o amiga, con la pareja. ¿Qué mejor que estar de cuerpo presente? Estar anclado en nuestra estructura física, estar descontraído, que nuestro pecho esté abierto, que no esté cerrado.
Si podemos traer un rostro también abierto, no quiere decir que necesitemos sonreír todo el día, pero sí notar. No sé si se han fijado que a veces andamos así [frunce el ceño], andamos con el ceño fruncido y no nos damos ni cuenta porque es simplemente un hábito. Nuestro rostro también desarrolla hábitos posturales, tal como el cuerpo puede desarrollar el hábito de estar derecho o estar encorvado.
Nuestro rostro también, y como decía citando a Thich Nhat Hanh, nuestro cuerpo y nuestra mente están en un flujo bidireccional constante. Mente y cuerpo están buscando coherencia. Entonces, traer esas claves corporales es parte de nuestra práctica.
Y luego está el que hacemos con la mente.
En esta primera práctica nos enfocamos principalmente en calmar. Y no es raro, por tanto, que haya surgido en el chat tantos comentarios que decían calma, ¿cierto? Esa es la palabra que más se repitió. Porque esta es una práctica diseñada y gestada para generar esa calma.
Cultivar la calma y la presencia
La presencia, la calma y la calidez no son cosas que la gente tiene o no tiene. Son cosas que se cultivan también. Quizás hay un componente genético, ¿no? Gente que es más naturalmente calma, que le cuesta menos estar presente o que tiene un humor particular.
Pero también son cualidades que desarrollamos, que cultivamos a través de la familiarización con ellas. De hecho, la palabra tibetana para meditación es gom, que significa familiarizarme con algo. Entonces, meditar es familiarizar mi cuerpo-mente con una disposición constructiva en beneficio propio y de los demás.
Meditar, nuevamente, es familiarizarme con una disposición constructiva de cuerpo y mente que trae beneficio para mí mismo y para los demás. Salió buena esa definición de meditación, así que si alguien la anota, me la envía después.
Pero es eso: nos sentamos a familiarizarnos con algo que nos hace bien y que hace más probable que traigamos algo positivo al encuentro con el otro.
En ese sentido, es sumamente altruista sentarte a meditar. Sentarte a ordenar un poco tu gallinero interno.
No sé si conocen a Marshall Rosenberg, quien desarrolló la comunicación no violenta, un marco súper interesante para trabajar en la resolución y prevención de conflictos relacionales. Una vez mi amiga Margaret Callen lo estaba entrevistando para la revista Enquiring Mind y le preguntó a Marshall si él meditaba. Y Marshall le respondió: “La gente de Detroit no meditamos. We get our shit together”.
Es decir, tratamos de organizar nuestro mundo interno para poder ofrecerlo. Y eso es lo que hacemos cuando meditamos: estamos tratando de cultivar una cierta calma, una cierta presencia de calidad en nosotros mismos. Ordenar un poco el gallinero interno, porque eso es lo que le ofrecemos a los demás.
Tu pajarera, como dice otro amigo, es lo que le ofreces a los demás cuando hablas, cuando publicas en tus redes sociales, cuando estás con tu pareja, cuando estás cocinando algo para los demás. Estás proyectando todo el tiempo la calidad de tu mente y corazón en ese momento. Entonces, sentarte a desarrollar esta calma, esta pausa sagrada, es un gesto altruista.
Lidiar con los desafíos emocionales de estas fechas
En estos días van a pasar mil cosas que te van a agitar la pajarera. Es un hecho. Van a haber cosas que te irriten, que te frustren, que te pongan nostálgico o nostálgica, que te den ansiedad. Estas fechas son de las más gatillantes del año.
¿Qué hacemos frente a eso?
Pema Chödrön le llama la práctica de compassionate abiding, o morar compasivamente con lo que está presente.
Cuando estamos agitados, angustiados o ansiosos, tendemos a irnos a dos extremos:
- Negar lo que está ocurriendo, esconderlo bajo la alfombra, desconectar.
- La explosión ciega de lo que estamos viviendo emocionalmente.
Ambos extremos son problemáticos. La represión no es una buena estrategia porque suele acrecentar el sufrimiento. Pero el otro extremo, la explosión ciega, tampoco es útil. Cuando estamos en el pico de una emoción, no tenemos mucha perspectiva de las consecuencias de lo que estamos diciendo o haciendo.
Por eso, algo que puede ser muy útil es hacer esta pausa.
Ese pausar puede tomar distintas formas:
- Tomar tres, cinco o diez respiraciones profundas.
- Decir: “Permiso, me voy a dar una vuelta a la manzana”.
No es para huir de la situación, sino para cuidarte y cuidar al otro. Todos tenemos el derecho a hacer una pausa. Incluso puedes decirle al otro: “Cariño, no voy a decir algo amable si me quedo aquí ahora. Necesito tomar un respiro. ¿Podemos retomar esta conversación después?”.
El valor de la soledad y la pausa
Aunque son días de contacto, también te quiero invitar a que busques espacios de pausa si lo necesitas.
Muchos de nosotros somos introvertidos por naturaleza. Estas fechas como que te invitan a estar a tope socialmente, en pleno contacto constante. Respeta tu derecho a tener microespacios de soledad.
Mi amiga Manu lo llama “sacralizar lo cotidiano”: dar un toque sagrado al día a día. Tiene que ver con eso: hacer una pausa para ver el sol en la mañana, el atardecer en la tarde, oler una flor. Sentir un poco la profundidad de la vida.
Porque la agitación mental nos mantiene en la superficie. ¿Cuál es la próxima cosa? ¿La próxima entretención? ¿La próxima comida? ¿La próxima actividad?
Pero necesitamos calma, un sentido de contentamiento con lo que hay. Y aunque no sea buen negocio para el mundo porque no es tan fácil venderte promesas de felicidad cuando estás en calma y contento, es profundamente humano.
Gracias. Ahora, vamos a practicar.