Ampliando la meditación: mindfulness, compasión y amor benevolente

por Gonzalo Brito.

IMG_0712En la mayoría de las lecturas académicas o científicas sobre meditación budista en la psicología occidental se enfatizan las prácticas concentrativas (shamatha), y las prácticas de conciencia abierta (vipashyana). Ambas prácticas, fundamentales en el camino espiritual budista, se aproximan a la experiencia ya sea a través del cultivo de la  capacidad de concentración sobre un objeto (como en la práctica de anapanasati – concentración en la respiración), o bien mediante el desarrollo de una relación diferente con los contenidos de la experiencia, como en el caso de la práctica demindfulness, donde se intenta atender de forma deliberada a la experiencia del momento presente, con una actitud de aceptación y no juicio.

Estas prácticas de concentración y conciencia abierta han sido consideradas como herramientas que se pueden adaptar al contexto de la psicología occidental,  pasando a ser el pilar sobre el cual se han elaborado las Intervenciones Basadas en Mindfulness (IBM). En un artículo reciente, Hofmann et al. (2010) identificó 39 estudios que reunían un total de 1140 participantes que han recibido IBM en distintos casos tales como la depresión, ansiedad, dolor crónico, cáncer, y otras condiciones médicas y psicológicas, encontrando magnitudes de efecto (effect sizes) significativas, independientemente del año de publicación y el número de sesiones de práctica implicadas. Además, el impacto que las IBM resultó sostenerse en el tiempo, lo cual se comprobó mediante evaluaciones después de un tiempo finalizadas las intervenciones. De esta manera, los beneficios de las prácticas de mindfulness han pasado gradualmente a ser aceptados dentro de la psicología convencional.

Sin embargo, existen otras prácticas de meditación que en el contexto budista son igualmente importantes, pero que en el contexto de la psicología occidental aún no se les ha prestado suficiente atención. Dentro de estas prácticas, se encuentran las que pueden ser llamadas prácticas generativas, las cuales no tienen que ver con el prestar atención de un modo determinado a la experiencia particular del momento presente, sino que consisten en generar estados emocionales específicos que según se cree son aspectos fundamentales del bienestar psicológico, así como aspectos constituyentes de la dimensión moral en la vida humana.

Las dos principales prácticas generativas en la tradición budista son la meditación del amor incondicional (loving-kindness meditation), y la meditación de la compasión. El amor incondicional, traducido del pali metta, se refiere a un estado tanto mental como emocional de bondad incondicional hacia todos los seres. Consecuentemente, la meditación del amor incondicional intenta desarrollar un estado afectivo de bondad incondicional hacia todas las personas mediante la generación de un deseo genuino por que todos los seres sean felices y tengan acceso a las causas de la verdadera felicidad. Por otro lado, la compasión, del pali karuna, nace del mismo interés positivo por los otros, pero se manifiesta como una auténtica y profunda empatía hacia el sufrimiento de otros seres, acompañada de un deseo verdadero por aliviarlo. La Compasión y el Amor Incondicional son dos de las cuatro “Moradas Celestiales”, junto con la Alegría Empática, del pali mudita, que significa el desarrollo de una alegría genuina por el éxito y felicidad de los otros, y la Ecuanimidad, del pali upeksha, que es el cultivo de una actitud de calma y estabilidad en medio de los altibajos de la vida.  Estas cuatro “moradas” constituyen la base de lo que podríamos llamar un sistema de regulación emocional budista.  Sería impensable, en el marco de esta tradición, pensar en el cultivo del mindfulness o la concentración sin el desarrollo paralelo de estos estados emocionales virtuosos.

Es también importante aclarar que estos estados emocionales se desarrollan desde dentro, y su generación no funciona tras la imposición externa de reglas morales que deben ser cumplidas, y que las instancias adecuadas dentro de las cuales se desarrollan son las prácticas formales de meditación (como por ejemplo la meditación de la compasión y del amor incondicional), y la práctica cotidiana de traer estas cualidades a la conciencia en  la vida diaria, especialmente en las interacciones con otros.

Estudios iniciales realizados en occidente sobre la meditación del amor incondicional y de la compasión han descubierto que estas prácticas se relacionan con el desarrollo de emociones positivas y con la disminución de emociones negativas. Asimismo, se ha comprobado que la meditación de la compasión reduce la respuesta ansiosa y la activación inmunológica ante el estrés inducido, y que tanto esta meditación como la meditación del amor incondicional promueven la activación de áreas en el cerebro relacionadas al procesamiento emocional y la empatía. Recientemente, estas meditaciones se han integrado en algunas intervenciones clínicas, mostrando resultados preliminares positivos (Hofmann et al., 2011).

Las prácticas generativas aquí mencionadas ofrecen un importante complemento a las prácticas concentrativas y demindfulness, y al mismo tiempo presentan una oportunidad de profundizar el diálogo entre la psicología occidental y elDharma budista, acogiendo de manera más directa el desarrollo de cualidades emocionales y éticas que no han sido enfatizadas en la literatura científica respecto a mindfulness, la cual ha estado más enfocada en la reducción individual del estrés.

Referencias

Hofmann, S., Sawyer, A., Witt, A., Oh. D. (2010). The effect of mindfulness-based therapy on anxiety and depression: A meta-analytic review. Journal of Consulting and Clinical Psychology 78(2), 169-183. doi: 10.1037/a0018555

Hofmann, S. G., Grossman, P., & Hinton, D. E. (2011). Loving-kindness and compassion meditation: Potential for psychological interventions. Clinical Psychology Review, 31(7), 1126-1132. doi: 10.1093/clipsy/bpg015