La cura de la amabilidad – por David DeSteno

Es probable que el beneficio más profundo de mindfulness no sea el que actualmente más se promocione, es decir, adaptarse a un mundo estresante, competitivo y poco amable. En cambio, la meditación puede alterar profundamente la manera en que tratamos a quienes nos rodean.

La meditación mindfulness es mayormente conocida por sus efectos positivos en el cuerpo y el cerebro de quienes la practican. Mi investigación sugiere que también puede fomentar la compasión hacia los demás

¿Cómo cultivar la compasión? ¿Cómo asegurarte de que, al final de día, sea por tu amabilidad y generosidad que seas recordado por los demás? Es una buena pregunta ya que, por más que estemos de acuerdo de que la compasión es una virtud importante, nuestra sociedad no parece estar siendo muy efectiva en promoverla. De hecho, los estudios de  Sarah Konrath en la Universidad de Michigan sugieren que estamos empeorando al respecto. En una revisión sistemática de una medición estandarizada en empatía y compasión que se ha aplicado a 13,000 estudiantes universitarios entre 1979 y el 2009, Konrath descubrió que la preocupación e interés por el bienestar de los demás ha decaído de manera constante a partir de inicios de ’90s. De acuerdo a este análisis, los niveles de compasión y empatía son más bajos ahora que en los 30 años anteriores y quizás de manera más alarmante, están bajando a una velocidad más rápida.

Los niveles de compasión y empatía son más bajos ahora que en los 30 años anteriores y quizás de manera más alarmante, están bajando a una velocidad más rápida.

Considerando que actuar compasivamente a menudo implica poner las necesidades de los demás adelante de las propias, la intención de actuar con amabilidad a menudo no solo requiere prestar atención sino también un poco de fuerza de voluntad. Esto no quiere decir que confiar en mandatos filosóficos o religiosos no funcione de vez en cuando. Sí funciona. Sin embargo, cualquier método que dependa de re-encausar una y otra vez nuestros impulsos egoístas a través de un monitoreo top-down del propio código moral es bastante falible. Quizá el cultivo de una compasión situacional, una compasión que surja espontáneamente al percibir las necesidades de los otros, sería más infalible. Como psicólogo interesado en el comportamiento moral me he preguntado desde hace mucho tiempo si habría alguna manera de desarrollar precisamente este tipo de reflejo compasivo.

Resultó ser que no tuve que buscar demasiado lejos; una manera de hacerlo estaba escondida a plena vista. La meditación mindfulness involucra la contemplación dirigida como una estrategia para enfocar la mente. Esta práctica usualmente involucra sentarse en un espacio tranquilo por períodos de entre 20 minutos y una hora (dependiendo de tu nivel de experiencia) y aprender a dirigir la conciencia al momento presente en vez de morar en lo que ya ha sucedido o en lo que aún no ha ocurrido. La práctica ha sido ampliamente promocionada recientemente por su potencial para mejorar las capacidades cerebrales y para sanar el cuerpo, pero muchos de sus maestros más experimentados dicen que su propósito fundamental involucra el espíritu. Tal como Trungram Gyaltrul Rinpoche, uno de los lamas más importantes de la tradición Tibetana, recientemente me indicó, los efectos de la meditación en la memoria, la salud y las habilidades cognitivas, aunque son positivos, eran considerados tradicionalmente por los sabios budistas como beneficios secundarios. El objetivo primordial de calmar la mente y de aumentar la capacidad de atención consistía en alcanzar un tipo de iluminación que llevase a una compasión profunda y duradera que floreciera como benevolencia.

Los efectos de la meditación en la memoria, la salud y las habilidades cognitivas, aunque son positivos, eran considerados tradicionalmente por los sabios budistas como beneficios secundarios. El objetivo primordial de calmar la mente y de aumentar la capacidad de atención consistía en alcanzar un tipo de iluminación que llevase a una compasión profunda y duradera que floreciera como benevolencia.

Pese al énfasis que ponen los instructores de meditación en la benevolencia, aun es escasa la evidencia sólida que relacione mindfulness y compasión. Por un accidente histórico, los primeros psicólogos que estudiaron la meditación eran expertos en neuroanatomía, procesamiento de la información y fisiología, lo cual como podrás imaginar, significó que fuese en esas áreas donde focalizaran sus investigaciones. El resultado fue una década de descubrimientos que confirmaron que la meditación mejora el funcionamiento del cerebro y el cuerpo, resultados que continúan  apareciendo con regularidad y que están a la base de gran parte de la publicidad que está teniendo la meditación. Desafortunadamente, la pregunta de cómo la meditación puede influir el comportamiento social no estaba en el radar de nadie, hasta hace muy poco.

Hace un par de años, mi grupo de investigación en Northeastern University se propuso cambiar eso. Si la meditación era capaz de aumentar la compasión, una cualidad que a menudo da la impresión que está haciendo bastante falta en el mundo, queríamos encontrar evidencias. Para hacerlo, diseñamos un experimento sencillo que fue liderado por Paul Condon, un estudiante de posgrado en mi laboratorio, y que posteriormente fue publicado en la revista Psychological Science.

Reclutamos a 39 personas en el área de Boston que nunca antes habían meditado y fueron asignadas a uno de dos grupos experimentales. Los del primer grupo asistieron a un curso de meditación de 8 semanas  dirigido por Willa Miller, un lama Budista. Los del segundo grupo permanecieron en lista de espera para tomar el curso más adelante. Después de 8 semanas los participantes del estudio volvieron al laboratorio, uno a uno, supuestamente para completar mediciones de atención y memoria. En realidad, el verdadero experimento sucedió en la sala de espera donde había tres sillas, dos de las cuales estaban ocupadas por actores. Un par de minutos después de que cada participante llegaba y tomaba el asiento desocupado, aparecía una tercera actriz con muletas y con una bota que usualmente llevan las personas que se han quebrado un pie, haciendo muecas de dolor. Al entrar, la actriz se apoyaba en la pared, suspirando notoriamente al notar que no había otra silla donde sentarse. De acuerdo a nuestro diseño experimental, los otros actores la ignoraban, hojeando algún libro o mirando sus teléfonos, sin prestar atención a su la incomodidad.

crutchesSituaciones como ésta, en la que otras personas parecen ignorar a la persona en dificultades, suelen inhibir las conductas de ayuda,  un fenómeno que se conoce como el “efecto espectador”. Si nadie está ayudado ¿por qué tendría que ayudar yo? En nuestro estudio, entre los participantes que no meditaron, el efecto espectador se mostró con claridad. Solo el 16% de los sujetos (3 personas de 19) ofrecieron su asiento a la actriz con muletas. Pero aquellos que sí meditaron, la mitad (10 de 20) ofrecieron su asiento a la mujer de manera inmediata y espontánea. Es importante destacar que ninguno de los participantes había meditado antes, y que todos estaban igualmente interesados en inscribirse en el curso (aunque sabían que algunos iban a ser asignados a una lista de espera). Por lo tanto, las diferencias entre grupos no se debían a factores relacionados con un interés previo o experiencia con mindfulness. La única diferencia entre los grupos es que un grupo meditó por ocho semanas  y el otro no lo hizo. Sin embargo, las ocho semanas demostraron ser suficientes para triplicar la probabilidad del comportamiento benevolente, incluso en una situación en la cual naturalmente se inhibe la benevolencia. Y como cualquier investigador en psicología podrá asegurar, una intervención que puede cambiar el comportamiento humano en un 300% es bastante promisoria.

Sin embargo, para estar seguros de este nivel de éxito, quisimos replicar este resultado y al mismo tiempo examinar si era escalable. Después de todo, ¿qué tan realista es imaginar que grandes masas de gente van a buscar  un maestro de meditación para aprender la práctica de mindfulness? Con estas preguntas en mente, nos propusimos indagar si el entrenamiento en mindfulness utilizando un dispositivo móvil tendría un efecto en aumentar la compasión. Para esto, repetimos nuestro experimento anterior usando una aplicación de mindfulness desarrollado por una persona con entrenamiento monástico budista. En esta versión del experimento, dirigido por mi estudiante Daniel Lim y recientemente publicado en Plos One, asignamos aleatoriamente a 56 personas a completar tres semanas de entrenamiento en mindfulness usando el app, o a un entrenamiento cognitivo usando un programa web para entrenar el cerebro. Cuando expusimos a los participantes a la situación de la sala de espera, los resultados fueron similares a los del experimento original: mientras que solo un 14% de los no-meditadores (4 de 29) ofrecieron su silla a una mujer con muletas, un 37% de los meditadores (10 de 27) se movilizaron para aliviar su dolor.

Más allá de esa sala de espera hay personas en todas partes que necesitan compasión. Pero solo se tiene una cierta cantidad para ir por el mundo repartiéndola. Tal como lo afirma constantemente el psicólogo de Yale Paul Bloom, está bastante demostrado que sentimos más empatía por individuos que por grandes números de gente sufriendo. Basándonos en este hecho, las técnicas para desarrollar la compasión pueden parecer fútiles. Así y todo, es esta misma contradicción la que nos ayuda a comprender por qué la meditación puede ser una herramienta especialmente útil para aumentar la compasión.

El entrenamiento en meditación reduce la activación de las redes cerebrales asociadas a la simulación de las sensaciones de las personas sufriendo, favoreciendo las áreas asociadas a los sentimientos de conexión social. En otras palabras, el dolor compartido se disipa rápidamente, mientras la compasión se sostiene en el tiempo.

La preocupación por los demás tiende a disminuir dramáticamente a medida que aumenta el sufrimiento ya que gracias a nuestra capacidad empática natural, el distrés es contagioso. Cuando nos encontramos con otras personas sufriendo, no solo reconocemos su dolor sino que también lo sentimos, una experiencia que fácilmente puede volverse abrumadora. Como resultado, las personas se pueden cerrar emocionalmente y alejarse, una respuesta que se conoce como “fatiga por compasión”. Las investigaciones confirman que la fatiga por compasión es bastante prevalente en médicos y enfermeras cuyo trabajo se centra en oncología y cuidados paliativos, especialidades que suponen confrontar a diario el sufrimiento, el dolor y la pérdida emocional.

Pero investigaciones recientes de la investigadora en neurociencias Tania Singer y el monje budista Matthieu Ricard han mostrado que el entrenamiento en meditación reduce la activación de las redes cerebrales asociadas a la simulación de las sensaciones de las personas sufriendo, favoreciendo las áreas asociadas a los sentimientos de conexión social. En otras palabras, el dolor compartido se disipa rápidamente, mientras la compasión se sostiene en el tiempo.

Este descubrimiento parece ofrecer un fundamento neuroanatómico para algo que muchos practicantes con larga trayectoria de práctica de meditación han notado: una ausencia de fatiga por compasión entre meditadores. Tal como me dijo una vez Thupten Jinpa, un erudito budista y principal traductor del Dalai Lama, “el entrenamiento en la meditación permite a los practicantes moverse rápidamente desde el sentir el distrés de los otros hacia actuar con compasión para aliviarlo”. En términos simples: el entrenamiento contemplativo enseña a la mente a moverse directamente desde la observación del sufrimiento a la acción benevolente, sin quedarse paralizado por el dolor del otro.

Resumiendo entonces, nuestra investigación sugiere que es probable que el beneficio más profundo de mindfulness  no sea el que más se promocione, es decir, adaptarse a un mundo estresante, competitivo y poco amable. En cambio, la meditación puede alterar profundamente la manera en que tratamos a quienes nos rodean. Las corporaciones, los médicos, y legisladores que actualmente promueven mindfulness como una técnica de auto-superación y de bienestar físico harían bien en enfocarse más en su potencial para prevenir el bullying, la violencia familiar, la crueldad y la indiferencia. Para darnos cuenta por qué, solo hace falta mirar los resultados impresionantes de un programa de meditación del Center for Wellness and Achievement Education recientemente ofrecido en la escuela Visitation Valley—una escuela primaria y secundaria en uno de los barrios más pobres de San Francisco donde la violencia era un elemento frecuente. Después de ofrecer enseñanzas sobre meditación y establecer dos períodos diarios de meditación que llamaron Tiempo de Silencio, comenzó a surgir una diferencia notable. En un período de 4 años, los registros escolares mostraron que las suspensiones disminuyeron un 79%.  Es importante tomar en cuenta que, a diferencia de las investigaciones de mi laboratorio, este no era un estudio científico diseñado para controlar factores externos. Por lo tanto es posible que esa baja en las suspensiones tenga que ver tanto con los beneficios de la meditación como con la existencia de una cultura escolar que decide adoptar el Tiempo de Silencio. De cualquier forma, el resultado es impresionante y amerita mayor investigación.

Estudiantes de Visitation Valley Middle School en San Francisco participan de una sesión de Tiempo de Silencio

Quizás lo más interesante es que cuando se trata de aumentar la compasión, parece no importar demasiado si comienzas la práctica de meditación por motivos de salud, por desarrollo personal o por otras razones. Arianna Huffington, la cofundadora del Huffington Post y promotora activa de mindfulness, enfatiza este punto: “No importa por qué comienzas a meditar”, me dijo, “ya que recibirás todos los beneficios, tanto los que buscabas como los que no, si mantienes la práctica”. Tanto ella como Chade-Meng Tan, el creador del curso de Google “Busca Dentro de ti Mismo” que enseña habilidades de mindfulness a los empleados de la compañía, lo compararon con hacer ejercicio. “Incluso si comienzas a ir al gimnasio para hacerte amigo del jefe”, me dijo Meng hace poco, “vas a tener el beneficio de una mejor salud si continúas yendo. La práctica de mindfulness funciona de la misma manera.”


David DeSteno es profesor de psicología en Northeastern University.

Traducción del inglés por Gonzalo Brito. Publicado originalmente en The Atlantic, el 21 de julio del 2015. Ver original.