Estrés y equilibrio (II): Cómo entramos en la reacción de estrés

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No es difícil reconocer la importancia de encontrar un espacio entre el estímulo y la respuesta, sin embargo,  hacerlo puede ser bastante más difícil que pensarlo, especialmente cuando nos sentimos estresados. La paradoja consiste en que el estrés no es un «error en el sistema» sino que es parte integral de la vida: nuestro cerebro y nuestro cuerpo evolucionaron con un sofisticado mecanismo cuya función consiste precisamente en sentir y reaccionar al estrés. Es en parte gracias a esta capacidad innata que tenemos para sentir estrés que hemos sido capaces de lidiar como especie con la amenaza de depredadores, climas adversos y otras presiones ambientales a través de nuestra historia evolutiva. Podemos decir que el estrés es simplemente la forma en que el cuerpo ha evolucionado para reconocer amenazas  y prepararse para hacerles frente de manera efectiva. Sin embargo, aunque nuestra capacidad de experimentar estrés sea natural y adaptativa, parece haber un desajuste entre los riesgos y desafíos que tenían que enfrentar nuestros ancestros y el tipo de estresores que lo humanos modernos comúnmente tenemos que enfrentar. En un sentido, estamos viviendo una especie de «resaca evolutiva», donde enfrentamos desafíos posmodernos desde una fisiología paleolítica.

Piensa por un momento en las cosas y en las situaciones que te provocan estrés. Es muy probable que si lograste encontrar un momento en tu día para leer estas palabras, tu reacción de estrés no sea gatillada muy a menudo por depredadores que se esconden en el patio de tu casa. Es probable también que tu subsistencia no dependa de tener que salir a cazar un jabalí antes que otros lo atrapen. El estrés de la vida moderna suele estar más relacionada con largas horas de trabajo, un jefe difícil, no poder desconectarte con el trabajo, luchar para que tus niños se tomen el desayuno y que se vistan a tiempo para que lleguen a la escuela a tiempo, o con situaciones que te produzcan ansiedad social, miedo al rechazo o vergüenza.  Aunque es improbable que cumplir una fecha límite para entregar un trabajo o tener que responder cincuenta emails en un día se conviertan en una amenaza de muerte, el cuerpo responde a estos estresores a través de una reacción en cadena que nos prepara para luchar, huir o paralizarnos.

Para hacer las cosas un poquito más complejas, no sólo nos estresamos por los eventos externos. Las experiencias internas tales como los pensamientos y las emociones pueden también desencadenar reacciones completas de estrés: un pensamiento puede ser (y a menudo es) más estresante que las cosas mismas. Los humanos venimos equipados con una súper máquina para viajar en el tiempo y para construir realidades virtuales: el neocórtex. Esto es a la vez una bendición y una maldición, ya que nos permite planificar, soñar y coordinarnos a través de la comunicación, pero también nos permite pasarnos una parte importante del tiempo recreando el pasado o ensayando mentalmente para el futuro en vez de simplemente lidiar con lo que se encuentra presente. El profesor de biología de Stanford, Robert Sapolsky, resume nuestra condición diciendo que las cebras no tienen úlceras pero los humanos sí. Mientras que las cebras lidian con sus estresores (un león hambriento, por ejemplo) lo mejor que pueden mientras el león está presente, los humanos tenemos la capacidad única de preocuparnos por peligros que podrían surgir en el futuro o que podrían haber surgido en el pasado. Si alguna vez has sufrido de insomnio sabrás que incluso en una noche tranquila y oscura sólo hace falta tener una mente para preocuparse de las cosas más increíbles, las cuales pueden ser perfectamente insignificantes a la luz del día. Dicen que Mark Twain dijo alguna vez: «He pasado por cosas terribles en mi vida, algunas de las cuales efectivamente sucedieron».

Mark Twain, preocupado por cosas que nunca ocurrieron, o bien molesto porque le atribuyan citas que nunca dijo.

Ya sea que el estresor es interno o externo, una situación de riesgo vital o el fantasma que vive debajo de la cama, el cuerpo responde con una cascada de reacciones. Estas reacciones están arraigadas en nuestra química y nuestra fisiología y fueron diseñadas para ponernos a salvo en una situación de riesgo o amenaza, por lo cual a menudo se le llama la respuesta de lucha o huida. En realidad, aunque muchas veces se habla de la «respuesta de lucha o huida», lo cierto es que hay una tercera reacción posible que está igualmente determinada biológicamente: la reacción de quedarnos paralizados o bloqueados ante el riesgo, como les sucede a  los animales ante un sobresalto o susto repentino. Ya sea que luchemos, huyamos o nos paralicemos, una cadena de reacciones internas toman el control de manera automática y a menudo inconsciente. Esta reacción de alarma prepara el cuerpo para la acción contra el peligro percibido, y esto puede realmente salvarte la vida en una situación de riesgo vital, disponiendo la mente y el cuerpo para lidiar con la amenaza real o imaginada de la mejor manera posible.

Reacción de estrés

La reacción de alarma nos hace entrar en un estado de hiperalerta e hiperactivación. La amígdala, una especie de campana de alarma en forma de almendra al centro del cerebro manda la señal de «¡¡¡Peligro!!!» activando el hipotálamo (una especie de comando central que orquesta nuestra reacción), el cual a su vez activa la glándula pituitaria y las glándulas adrenales, las que producen cortisol y adrenalina. Esta cadena de activaciones químicas y eléctricas producen una serie de cambios físicos, incluyendo el aumento del latidos del corazón, la dilatación de los pulmones, la activación de los músculos de las piernas y de los brazos, aumento en la sudoración, intensificación de las emociones y agudización de nuestros sentidos, por nombrar sólo algunos. Esta respuesta es apropiada y saludable cuando es ocasional y cuando nos ayuda a lidiar con situaciones difíciles, por ejemplo, ante un accidente donde haya que actuar con rapidez. Incluso cuando hacemos actividad aeróbica producimos voluntaria y conscientemente un estado físico similar que en este caso nos ayuda a mantener nuestro corazón sano y flexible. Sin embargo, este modo reactivo automático a menudo se activa al percibir estresores que realmente no son una amenaza real a nuestra supervivencia.  Pueden ser estresores agudos y de corto plazo (un cliente quejándose, o el tráfico que no avanza, o pueden ser estresores de largo plazo, como el estar cuidando de un familiar enfermo mientras también trabajamos a tiempo completo. La respuesta de estrés puede incluso activarse ante amenazas percibidas a nuestro estatus o imagen social, a nuestro sistema de creencias o nuestro sentido de control. Gracias a esto, Facebook puede ser una gran fuente de estrés.

Cuando este estado de activación caracterizado por una gran tensión psicológica y fisiológica se vuelve crónica, la ansiedad, el insomnio y la fatiga se vuelven algo tan común que terminan siendo percibidos como «normales», y podemos acabar ignorando completamente que estamos (sobre)viviendo nuestra existencia desde el ciclo reactivo de estrés. Pero aunque no seamos conscientes de nuestro estrés crónico el cuerpo seguirá registrando las consecuencias de este estado y expresará nuestro malestar a través de síntomas como hipertensión, dificultades para dormir, dolores crónicos de cabeza o espalda, problemas digestivos, etcétera. Y aún así, necesitamos seguir funcionando, hay que seguir yendo al trabajo, hay que llevar los niños a la escuela, hay que seguir conviviendo con la «catástrofe completa», como decía Zorba el Griego.

Bailando con la «catástrofe completa». Zorba el Griego (interpretado por Anthony Quinn) en un clásico paso de reducción del estrés. Jon Kabat-Zinn excluyó este paso de los movimientos conscientes del MBSR por incompatibilidad cultural.

Los autos viejos, a diferencia de los modernos, no tenían computadoras que enviasen un mensaje cuando algo andaba mal con el auto. Antes de las computadoras, la única indicación de un problema en el motor era una lucecita roja que se encendía en el tablero. Imagínate que estás conduciendo uno de estos autos y que la luz roja se enciende en el tablero. ¿Qué harías? Probablemente la solución más lógica sería ir lo antes posible a un taller mecánico para ver qué anda mal. Otra solución posible sería estacionar el auto al costado de la camino, buscar detrás del tablero el cablecito que va hacia la luz roja y cortarlo. Voilá! Se apagó la luz roja: No hay problema. Quizás suene ridículo, sin embargo esto es exactamente lo que hacemos a menudo cuando nuestro cuerpo nos trata de enviar señales de estrés en forma de dolores crónicos, insomnio, problemas digestivos, irritabilidad, y nosotros elegimos ignorar o anular estas señales.

Es muy común, casi epidémico, en nuestras sociedades modernas el uso de la comida, el alcohol, el tabaco, y otras sustancias o actividades más o menos legales y más o menos aceptadas socialmente para anular las señales de estrés que nos envía el cuerpo. Esto puede llevar a adicciones de distinto tipo porque la fuente del problema nunca es vista, y menos aún tratada. Finalmente, al continuar suprimiendo la respuesta de estrés e ignorando las señales del cuerpo, es posible llegar a un colapso, como le pasaría al auto si no lo llevamos al taller.

La buena noticia es que no necesitamos ser víctimas del ciclo de reacción de estrés. Podemos utilizar la atención plena para intervenir en este ciclo auto-perpetuador, permitiéndonos responder más efectivamente a los estresores diarios de nuestra vida.

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