Los pensamientos de autoevaluación son particularmente seductores y convincentes. Aparecen en la mente disfrazados de verdad absoluta. Cuando aparecen pensamientos como: “No sirvo para nada”, “No soy querible”, “He defraudado a la gente” o “No tengo remedio”, enseguida nos quedamos atrapados en ellos y los separamos de otros comentarios internos como si fuesen verdades con autoridad.

por Margaret Cullen y Gonzalo Brito.

En la psicología budista, la mente es descrita como un sexto sentido, que se suma a los cinco habituales (vista, oído, olfato, gusto y tacto). Desde esta perspectiva, del mismo modo que el ojo percibe todo tipo de formas, colores y luces, el oído toda clase de sonidos, y la nariz todos los olores, la mente percibe todo tipo de pensamientos: grandes y pequeños, hermosos y feos, interesantes y aburridos, sabios y ridículos, etc. La mayoría de las personas no se identifican a sí mismas con los colores y las formas que ven, ni con las texturas que tocan. Normalmente no pensamos, por ejemplo: “Soy verde claro” o “soy rugoso”, cuando vemos algo verde o tocamos algo rugoso. Pero los pensamientos, como objetos de la mente, son un poco distintos y, quizás porque son inmateriales e internos, somos más propensos a confundirlos por quienes somos.

Los pensamientos de autoevaluación son particularmente seductores y convincentes. Aparecen en la mente disfrazados de verdad absoluta. Cuando aparecen pensamientos como: “No sirvo para nada”, “No soy querible”, “He defraudado a la gente” o “No tengo remedio”, enseguida nos quedamos atrapados en ellos y los separamos de otros comentarios internos como si fuesen verdades con autoridad. Aunque esto no les ocurra a todas las personas, muchos tenemos la tendencia profundamente arraigada de desestimar las fantasías y otras categorías de pensamientos como fabricaciones de la mente, y, en cambio, tomamos cualquier juicio sobre uno mismo como una verdad absoluta. Esta es precisamente la razón de que el reconocimiento de que los pensamientos no son la realidad pueda brindarnos una gran paz emocional.

Dependiendo de su grado de elaboración, los pensamientos pueden ir de simples movimientos rápidos de energía de la mente, a pensamientos diferenciados, hasta ensoñaciones elaboradas. (Debemos las distinciones en el siguiente diagrama al maestro de meditación y psicólogo Daniel Brown).

Pensamientos (Dan Brown)

Siguiendo el diagrama anterior, cuanto más más a la izquierda estamos, mayor capacidad tenemos de identificar un pensamiento como lo que es, un simple pensamiento, y menos probabilidad hay de que nos perdamos en un tren de pensamientos. Al ir acercándonos a la derecha, aumenta la tendencia a perdernos en nuestros pensamientos y menos conscientes somos del hecho de que estamos pensando. Es importante saber que no hay nada inherentemente negativo en la asociación libre y la ensoñación —en realidad son dos magníficas capacidades de la mente humana que se pueden utilizar de forma creativa—. El problema surge cuando no somos conscientes de nuestro proceso de pensamiento y sin darnos cuenta nos entregamos a pensamientos que dan lugar a juicios negativos, miedos, autocríticas, ira, preocupación, suspicacia, desconfianza y otras emociones que sabotean la paz de la mente y el equilibrio emocional.

La conciencia está ahí de forma natural, pero puede pasar inadvertida durante toda una vida, por lo que es necesario explorarla y conocerla experiencialmente.

Tal vez te preguntes: “¿Qué parte de mí es la que sabe que estoy pensando?” Vamos a llamarla “conciencia”. Aunque pueda parecer escurridiza, cuanto más llegues a conocerla y más aprendas a volver a ella y confiar en ella, más feliz serás. La mayor parte del tiempo, los pensamientos simplemente se producen sin ser conscientes de ellos. La práctica de mindfulness no implica generar pensamientos voluntariamente, controlar los propios pensamientos ni tampoco manipularlos. Al contrario, supone ser consciente de los pensamientos como pensamientos, dejando que surjan y desaparezcan sin retenerlos ni rechazarlos. Esta capacidad de ser consciente de los pensamientos puede ser usada cada vez que te acuerdes de prestar atención, ya sea meditando o en la vida cotidiana. Esta conciencia no es algo nuevo que necesites aprender. Ya está ahí y la tienes a tu disposición en cualquier momento, sin importar lo que está ocurriendo. La conciencia está ahí de forma natural, pero puede pasar inadvertida durante toda una vida, por lo que es necesario explorarla y conocerla experiencialmente. A medida que te familiarices con tu conciencia, te darás cuenta de que se puede convertir en tu refugio último, un lugar natural de equilibrio para la mente y el corazón, con una capacidad ilimitada para encontrarse con la experiencia y abrazarla.

Experimento: Reconocer los pensamientos como pensamientos

Ponte en una posición cómoda y conecta con tu cuerpo estirando la columna, rotando los hombros hacia atrás y hacia abajo y relajando el vientre. Haz un par de respiraciones profundas, soltando todo el aire de los pulmones al exhalar. Te presentaremos algunas estrategias con las que puedes empezar a jugar con la idea de observar tus pensamientos como eventos mentales, y notarlos sin quedarte atrapado en ellos. Lee solo una sugerencia, luego cierra los ojos mientras la pruebas durante uno o dos minutos, y luego practica con la siguiente sugerencia. O puedes mantenerte un buen rato con una de las sugerencias si crees que te es especialmente útil para reconocer los pensamientos como pensamientos. Recuerda que no es necesario que intentes pensar: puedes confiar en que los pensamientos aparecerán por sí mismos. Y si no lo hacen durante un rato, simplemente disfruta del silencio mental.

 

  • Cuenta los pensamientos a medida que vayan apareciendo. No importa qué tipo de pensamiento te acuda a la mente: un recuerdo, una imagen, un comentario interior sobre este ejercicio, algún plan para mañana, etc. Sea lo que sea, cuenta como un pensamiento. Cuéntalos de uno a diez, y empieza otra vez desde uno. Y si te pierdes al contar, comienza de nuevo desde uno. Si en algún momento te juzgas porque crees que no lo estás haciendo bien, cuéntalo también como un pensamiento, y sigue adelante.
  • Imagínate sentando a la orilla de un río e imagina que el agua que fluye delante tuyo es tu propia mente. Tu trabajo consiste en ser consciente de los pensamientos que fluyen en la corriente. No necesitas atraparlos, seguirlos o que hagas nada con ellos. Simplemente nótalos y luego míralos como se van por la corriente, como hojas de otoño flotando sobre el agua.
  • Visualízate tumbado en la yerba en un día hermoso y soleado. Imagina que tu mente es como el inmenso cielo azul. Imagina que cada pensamiento que aparece forma una nube: algunas serán pequeñas, y otras grandes; unas quizás sean suaves y esponjosas, y otras tendrán un aspecto denso y pesado. Quizás haya algunas nubes que cubran todo el cielo. Sin embargo, una nube es una nube: viene y se va o se desvanece. Lo que debes hacer es reconocer cada nube como una nube.

 

En tu propia experiencia, ¿qué observaste? Tómate algunos instantes para reflexionar sobre el ejercicio.

 

Llegados a este punto, esperamos que tengas claro que el objetivo no es mejorar los pensamientos, ni cambiar el pensamiento negativo por el pensamiento positivo. En realidad, no somos muy entusiastas del “piensa positivo” como camino sostenible hacia el bienestar. Nuestra invitación aquí es a experimentar una nueva manera de relacionarte con tus pensamientos, una forma más espaciosa y sabia. Paradójicamente, esta naturalmente nos lleva a disminuir la rumiación y a generar pensamientos más saludables, porque el proceso de pensar estará más libre de fijaciones y tensión. De esta forma, puedes empezar a utilizar la cabeza en vez de ser utilizado por ella.


Este post es un fragmento del capítulo sexto (“Mindfulness de los pensamientos”) del libro Mindfulness y Equilibrio Emocional: Un programa de ocho semanas para mejorar la salud emocional y aumentar la resiliencia, de Margaret Cullen y Gonzalo Brito, prologado por Jon Kabat-Zinn, el cual será publicado en los próximos meses en España por la editorial Sirio.