En estos días he tenido varias buenas conversaciones y también he ofrecido algunas presentaciones en torno al tema del desarrollo de la compasión y también sobre el Programa de Entrenamiento en el Cultivo de la Compasión. Una de las preguntas que surgen en este contexto es en torno a los beneficios de la compasión para quien la practica.

Esta pregunta puede parecer paradójica ya que la motivación compasiva y altruista debiese estar centrada, por definición, en el bienestar del otro en vez del propio. Sin embargo, precisamente porque nuestros cuerpos, cerebros y mentes son intrínsecamente relacionales, es natural que cuando actuamos desde una actitud amable, empática y compasiva, nosotros seamos los primeros beneficiados. Cuando la mente se enfoca en el bienestar de los otros, naturalmente disminuye la silenciosa tiranía del «yo, mi, mío» (¿Cómo me ven los demás? ¿estarán hablando de mí? ¿lograré lo que YO quiero? ¿soy mejor/más inteligente/ más atractivo que X, Y, Z?, etc.). Cuando miramos afuera de esta cápsula ensimismada (que no es lo mismo que el verdadero amor a uno mismo), hay algo que se relaja en el cuerpo y también la mente se vuelve más espaciosa y abierta, con lo cual podemos fluir mejor en nuestra relaciones y en nuestros proyectos.

En este post, comparto una infografía que sintetiza de forma sencilla algunos beneficios de la compasión para quien la ofrece, los que han sido respaldados por investigaciones científicas. La infografía es de Emma Seppälä, directora asociada del Centro para la Investigación y la Educación en la Compasión y el Altruismo (CCARE) de la Universidad de Stanford. Compartiré información sobre algunos de los estudios que respaldan las afirmaciones en esta inforgrafía en futuros posts sobre ciencia contemplativa, pero para quienes quieran acceder a algunas de las fuentes  en inglés pueden encontrarlas aquí.

Que disfruten.

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