La impresionante cantidad de tiempo que las personas pasamos hoy en día frente a una pantalla (de televisor, laptop, teléfono, tablet, etc.) y la fuerza con que han penetrado este tipo de tecnologías en tan poco tiempo son factores que dan como para pensar en que hay una predisposición en nosotros que recibe con mucha facilidad la invitación a pasar tiempo en una dimensión virtual.
Precisamente, el desarrollo sin precedentes del neo-cortex de nuestro evolutivamente joven cerebro es quizás el primer dispositivo generador de realidad virtual que hayamos conocido como especie. Gracias a este sofisticado casco de realidad virtual que llevamos instalado y que no está fuera, sino dentro de nuestro cráneo, somos capaces de viajar en el espacio y el tiempo a voluntad. Echados en un sofá podemos sostener o reinventar conversaciones que nunca sucedieron, recordar eventos ocurridos décadas atrás, ensoñar un futuro, planificar las próximas vacaciones u obsesionarnos por una persona que deseamos u odiamos. Con este casco activo podemos incluso ir manejando un auto o hablando con nuestra pareja mientras nuestra mente está en otro lugar, en otro tiempo, en otro cuerpo.
Este dispositivo natural con el que contamos, que en estos tiempos cuenta con extensiones tecnológicas que nos permiten desconectarnos del entorno inmediato (hasta incluso vivir vidas paralelas) tiene ventajas evolutivas indiscutibles: el neo-cortex nos ha permitido acceder al pensamiento abstracto que permite imaginar, categorizar, planificar, priorizar, asociar, etc., lo cual ha permitido a los humanos resolver creativamente los desafíos impuestos por las presiones ambientales y los predadores. La mente humana es inigualable en términos de su capacidad adaptativa.
Sin embargo, como en el caso de cualquier otra tecnología, nuestro casco de realidad virtual y sus recientes extensiones de bolsillo pueden volverse enemigos de sus usuarios. Es común que los seres humanos en sociedades post-industriales pasemos buena parte de nuestro tiempo «en nuestra cabeza», transformándose el cuerpo un largo apéndice que cuelga y obstruye nuestras ideas de cómo debieran ser las cosas. Este estado de ensoñación es tan prevalente que neurocientíficos actuales le llaman el “default mode”, o el modo de activación “por defecto” del cerebro: cuando no tenemos nada específico que hacer, el cerebro burbujea en pensamientos e historias que reifican nuestro sentido del yo, refuerzan nuestros deseos y temores, y alimentan los guiones de la telenovela mental de turno: qué estarán pensando de mí, cómo me puedo ver mejor, cómo puedo obtener la atención de esta persona, por qué este no me ha pedido perdón, quiero esto o lo otro… yo, yo, yo.
Un estudiante Zen le pregunta a su maestro: ¿cómo puedo usar mejor las 24 horas del día? El maestro responde: “tú no usas las 24 horas, las 24 horas te usan a ti”. Mientras nuestra mente esté atiborrada de pensamientos, no usamos realmente nuestra capacidad mental y nuestro tiempo no nos pertenece, sino que somos usados por el tiempo y por nuestra máquina de generar ruido mental. Es como Hollywood: mientras mayor es la capacidad técnica de generar efectos especiales y más sofisticadas las proyecciones 3D (y más recientemente 4DX, con movimientos de butaca, olores a municiones y rociado de agua en el cine para las escenas de lluvia), más pobres son las tramas de las películas y más vacíos salimos del cine. Bajar de la cabeza puede ser una verdadera pausa.
Práctica
La dirección en que llevas tu atención tiene la capacidad de mover la energía en tu cuerpo/mente. Llevar la atención, por ejemplo, al movimiento de la respiración en el bajo vientre es una estrategia potente para “bajar” la energía desde la cabeza al cuerpo. En este mismo instante quizás quieras dejar de leer esta Pausa y tomar una postura corporal estable para hacer algunas respiraciones que te ayuden a bajar al cuerpo. Sentado/a con la espalda derecha, con la suela de los pies planos en el piso si estás en una silla, el mentón levemente recogido, la nuca estirada, la mirada descansando hacia abajo o con los ojos cerrados, la mandíbula relajada y las manos descansando sobre tus muslos.
Inhala profundamente por la nariz llevando todo el aire hacia el bajo vientre y, sin apuros, exhala por la boca sintiendo que junto al aire que exhalas se liberan todas las tensiones innecesarias del cuerpo y todas las preocupaciones de tu mente. Repite este tipo de respiración de limpieza por unos 5-10 ciclos y luego deja que tu respiración descanse en su ritmo natural, respirando solamente por la nariz. Luego puedes simplemente seguir el movimiento de tu respiración entrando y saliendo del cuerpo, estando atento a las sensaciones táctiles del contacto del aire a medida que viaja por tu cuerpo.
Otra manera muy efectiva de “bajar de la cabeza” es llevar tu atención a los pies. Si estás en un lugar donde lo puedas hacer, puedes incluso sacarte tus zapatos y llevar tu atención a la planta de los pies. La atención puesta en esta parte del cuerpo literalmente nos enraíza y nos aterriza en el presente. La práctica de la caminata consciente, que consiste en caminar lentamente mientras se mantiene la atención puesta en el contacto de los pies con el piso, es algo que puedes practicar en cualquier lugar, incluso yendo de un lugar a otro en el lugar de trabajo o haciendo la fila del banco.
Por último, también hay maneras que no son explícitamente “meditativas” que te ayudan a bajar de la cabeza al cuerpo y salir de la realidad virtual. Por ejemplo: abrazar y hacer cariño conscientemente a un ser querido, servir y ayudar a los otros, entrar en contacto directo con la naturaleza, y la apreciación estética (escuchar buena música, ver una obra de teatro, admirar una pintura, disfrutar de la belleza de una flor, un pájaro o de una nube), son puentes directos al momento presente y vías de aterrizaje en nuestro cuerpo íntegro. La alegría natural y espontánea que surge de estos gestos cotidianos son un indicador claro de que estamos hechos para eso. Esta semana, te invitamos a explorar estas diferentes vías de estar presente y de tomar un descanso de la realidad virtual.
—-
Leer otras Pausas Mindfulness





