Estrés y equilibrio (IV): El impacto de nuestras creencias sobre el estrés

Cada vez existe más evidencia que sugiere que el impacto del estrés en la salud no se debe únicamente (y ni siquiera principalmente) a la cantidad o la intensidad de los estresores que enfrentamos, sino también a nuestras creencias acerca de cómo el estrés afecta nuestro bienestar. Este punto es tan relevante que dedicaremos esta última parte de esta serie de entradas «Estrés y equilibrio» para compartir resutados de algunos estudios importantes al respecto.

En un estudio amplio, investigadores de la Universidad de Wisconsin hicieron un seguimiento a una muestra representativa de la población norteamericana (casi 30.000 participantes) para examinar la relación entre el nivel de estrés percibido y las creencias que los participantes tenían sobre el impacto del estrés en su salud (Wisk et al., 2012). Uno de los hallazgos más importantes del estudio fue  que la gente que reportaba altos niveles de estrés y que creían que el estrés afectaba negativamente su salud tenían una probabilidad un 43% más alta de riesgo de muerte prematura, controlando factores socio-demográficos (riqueza, educación, etc.), hábitos de salud (tabaquismo, ejercicio físico, etc.) y acceso a prestaciones de salud. Este riesgo resultó ser significativamente más alto que en el caso de quienes reportaron niveles igualmente altos de estrés pero que no creían que el estrés era malo para ellos.

En un estudio similar en el Reino Unido (Nabi et al. 2013), se realizó un seguimiento a 7,258 adultos por un período de 18 años para explorar la relación entre la percepción que los individuos tenían sobre el impacto del estrés y el riesgo de enfermedad cardiovascular. Al analizar los datos, los investigadores descubrieron que, ajustando los factores biológicos, psicológicos y conductuales que podrían afectar el resultado, quienes creían que su salud era «muy» o «extremdamente» afectada por el estrés tenían más del doble de riesgo de sufrir un ataque cardíaco comparado con quienes no pensaban que el estrés afectaba negativamente su salud.

En otro set de estudios que exploraron el rol de diferentes maneras de pensar sobre el estrés, psicólogos de Yale (Crum, Salovey & Achor, 2013) encontraron que las personas que tenían una perspectiva constructiva del estrés («stress-is-enhancing mindset»), es decir, que creían que la respuesta de estrés mejoraba su funcionamiento físico y mental para enfrentar los desafíos del ambiente, tenían un perfil de cortisol más flexible y adaptativo y una mayor motivación por mejorar su desempeño, en comparación a quienes que se identificaban con una perspectiva debilitante del estrés («stress-is-debilitating mindset»), el cual se correlacionó efectivamente con efectos debilitantes sobre su salud y su desempeño.

Estos estudios son interesantes por varias razones. Por un lado, dan cuenta de que los humanos no reaccionamos ante las cosas «en sí mismas», sino que reaccionamos ante nuestra manera de ver las cosas. En segundo lugar, estos estudios suman evidencia a lo que, por suerte, ya muy poca gente niega: la íntima relación entre cuerpo y mente. Nuestra manera de percibir, pensar y sentir, afecta nuestra fisiología al punto de co-crear salud o enfermedad. Tercero, estos estudios desafían la creencia tan arraigada de que el estrés  es algo malo en sí mismo. De hecho, por lo que sugieren estas investigaciones, creer que el estrés es algo inherentemente negativo con consecuencias catastróficas sobre la salud no solo es impreciso, sino también contraproducente, actuando como una profecía auto-cumplida. Una creencia habitual sobre el estrés es que uno siempre debe disminuir su nivel de activación psico-fisiológica y permanecer en total calma en situaciones de estrés. Pero como sugiere el último estudio menciondo mas arriba, las personas que sostienen una perspectiva constructiva del estrés tienen un nivel adaptativo y flexible de activación psico-fisiológica al momento de enfrentar las demandas externas: sus niveles de cortisol disminuyen si están muy altos y aumentan si están muy bajos. El problema no es la activación del sistema; el problema es la rigidez de la respuesta (siempre alto/siempre bajo).

No estoy sugiriendo que sea una buena idea tratar de estar más estresados de lo que ya estamos (la vida en su generosidad y sabiduría infinita nunca dejará de proveer estresores), o que el simple hecho de creer que el estrés es positivo va a evitar los efectos negativos del estrés crónico en el cuerpo-mente. Esto sería absurdo. Lo que sugiero es que quizás sea mejor aceptar que el estrés es parte de la vida antes que añadir una capa adicional de sufrimiento pensando que el estrés es un enemigo mortal que se esconde detrás de cada desafío que enfrentamos y que debemos erradicarlo de nuestra vida. En este sentido, y volviendo al tema de mindfulness, es importante recordar que la práctica de mindfulness no está principalmente dirigida a disminuir el nivel de estrés (por más que se promocione como la última píldora anti-estrés), sino que apunta a transformar radicalmente nuestra manera de relacionarnos con el estrés (y, en realidad, con toda nuestra experiencia). Paradójicamente, es la aceptación radical de nuestra experiencia tal como es (incluido el estrés) la que abre el espacio para el cambio.

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Fotografías de Gilbert Garcin.

Crum, Alia J, Peter Salovey, and Shawn Achor. 2013. “Rethinking Stress: The Role of Mindsets in Determining the Stress Response.” Journal of Personality and Social Psychology 104 (4): 716–33. doi:10.1037/a0031201. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23437923.

Nabi, Hermann, Mika Kivimäki, G David Batty, Martin J Shipley, Annie Britton, Eric J Brunner, Jussi Vahtera, Cédric Lemogne, Alexis Elbaz, and Archana Singh-Manoux. 2013. “Increased Risk of Coronary Heart Disease Among Individuals Reporting Adverse Impact of Stress on Their Health: The Whitehall II Prospective Cohort Study.” European Heart Journal: 1–9.

Wisk, Lauren E., Whitney P. Witt, Kristin Litzelman, Paul D. Creswell, Erika Rose Cheng, Torsheika Maddox, and Abiola Keller. 2012. “Does the Perception That Stress Affects Health Matter? The Association with Health and Mortality.” Health Psychology. doi:10.1037/a0026743.