Por Gonzalo Brito
En esta breve cápsula, Gonzalo Brito nos invita a mirar con honestidad desde dónde nos esforzamos: ¿nace nuestro deseo de logro del disfrute y de nuestros valores, o del miedo a no ser suficientes?
Dos maneras de buscar el logro
Es bonito cuando nos esforzamos para lograr cosas que consideramos significativas en la vida.
Es muy distinto esforzarnos desde una sensación de disfrute y desde el deseo de florecer (…) a esforzarnos desde el miedo a no ser suficiente.
Gonzalo Brito
Esforzarnos desde la amenaza de qué es lo que va a pasar si no logro lo que estoy queriendo es algo muy diferente a esforzarnos desde el deseo de crecer, de aprender o de hacer algo que está conectado con el corazón.
Estos son dos tipos de deseo de logro que distinguimos en la Terapia Centrada en la Compasión. Uno nace desde el querer: hago esto porque me apasiona, porque simplemente lo disfruto, porque me hace bien, porque está conectado con mis valores.
El segundo tipo de deseo de logro tiene que ver con temer algo malo que me puede pasar si no lo logro: el miedo a la autocrítica interna, el miedo a la crítica externa, el miedo a decepcionar a alguien, el miedo a sentirme fracasado. Básicamente, la sensación de que no valgo si no lo logro.
Nunca es suficiente
Este tipo de búsqueda de logro nos hace vivir en una presión constante de tener que estar demostrando que somos queribles o aceptables. Es muy natural que todos tengamos distintos momentos en que nos motiven estas dos formas.
Pero cuando nuestra motivación de logro se basa principalmente en el miedo, hay algo que no va a cambiar: nunca va a ser suficiente.
Nunca el logro es suficiente para calmar ese miedo cuando nuestra motivación de logro está basada en la amenaza.
Gonzalo Brito
Por ejemplo, si mi tema es escribir libros o artículos, ¿cuántos libros me van a dejar tranquilo si mi logro está basado en la amenaza? Si mi tema es el dinero o la felicitación externa, ¿cuánta felicitación o cuánto dinero va a ser suficiente para quedarme tranquilo?
Las raíces en nuestra historia
El problema con este segundo tipo de motivación es que estamos tratando de tapar con logros una sensación interna y básica de no ser suficientes, que muchas veces está ligada con nuestra historia temprana.
Con la familia en la que crecimos, con el hecho de que el amor era dado en relación a ser exitoso o a cumplir con las expectativas de los papás, o de un sistema que te veía en cuanto rendías, en cuanto eras eficaz o exitoso.
Si el amor fue internalizado cuando uno obtenía una buena nota, un logro deportivo, cuando cumplíamos con algo, es muy probable que siendo adultos no nos dejemos tranquilos, no nos dejemos descansar, porque la aceptación de uno mismo siempre está en juego en relación a la propia performance.
Es bueno verlo, porque esto nos hace correr y correr, y sentir que nunca somos suficientes.
Una pregunta distinta
Entonces, quizás la pregunta no sea “¿qué me falta lograr para tener tranquilidad?”, sino preguntarnos si eso que estoy persiguiendo nace de algo que amo, de algo ligado a mis valores y a lo que me importa en la vida, o si estoy motivándome desde el látigo, desde el miedo a no ser suficiente y a no merecer ser aceptado como ser humano.
Obviamente esta diferencia no se resuelve de un día para otro, pero observarla nos puede traer mayor paz y, quizás, dejar de darnos con el látigo todo el tiempo, autocriticándonos por no sentirnos nunca suficientes.
Este es un tema bastante amplio, pero quizás esta pequeña cápsula te hace sentido y te ayuda a ver algún patrón en tu vida.
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