“-¿Qué sucede cuando las cuerdas de tu instrumento están demasiado tensas? -preguntó el Buda.
-Se rompen las cuerdas  -respondió el músico.
-¿Y qué pasa cuando las cuerdas están muy sueltas?
-Cuando están demasiado sueltas, no producen sonido -respondió el músico-. Las cuerdas que producen un sonido armonioso no están demasiado tensas ni demasiado sueltas.
-Así es como se debe practicar -dijo el Buda -ni muy tenso ni muy suelto-”.
—-Adaptado del Sona Sutta, Anguttara Nikaya 6.55.

Aunque muchas veces pensamos o actuamos desde la suposición de que nuestro bienestar proviene de las circunstancias externas (riqueza, éxito, circunstancias placenteras), gran parte de nuestro bienestar personal y relacional está determinado por el equilibrio de nuestra mente/corazón. Las enseñanzas de la tradición budista sobre la relación entre el sufrimiento y los desequilibrios de la mente y la capacidad humana de cultivar voluntariamente estados de equilibrio mental y bienestar, han encontrado amplia resonancia en la psicología contemporánea. Una mente que se encuentra constantemente deprimida, ansiosa o frustrada (una mente desequilibrada) producirá sufrimiento en uno mismo y en los demás. En contraste, tal como un cuerpo sano está relativamente libre de dolor, una mente sana y en equilibrio se encuentra naturalmente protegida del sufrimiento psicológico, incluso ante circunstancias difíciles.

Frente a esto, surge naturalmente la pregunta: “OK, pero, ¿qué significa en concreto esto de cultivar el equilibrio mental? En esta serie de cuatro Pausas Mindfulness (no consecutivas), vamos a explorar qué significa, en concreto, cultivar equilibrio mental, lo que llamaremos metafóricamente “afinar nuestro instrumento”. Cada una de estas Pausas se referirá a uno de cuatro aspectos específicos del afinamiento de nuestra mente/corazón: afinar la intención, afinar la atención, afinar la cognición (pensamiento), y afinar la emoción. Aunque estos cuatro dominios de la mente son inter-dependientes y se influyen mutuamente, partiremos por explorar el equilibrio de nuestra intención, ya que las intenciones (consciente o inconscientemente) dirigen lo que hacemos, incluyendo a  qué prestamos atención, qué pensamos y qué emociones sentimos.

Podemos decir que nuestras intenciones están en equilibrio cuando nuestras  motivaciones, objetivos y aspiraciones están orientados hacia el cultivo de la felicidad en nosotros mismos y en los demás. A veces se mal entiende la práctica de meditación como un camino en el que no hay que tener objetivos, porque simplemente “hay que estar en el aquí y en el ahora”. Sin embargo, esta es una mirada muy estrecha del camino contemplativo. Por ejemplo. aunque en el Budismo efectivamente se relacione el sufrimiento con cultivar intenciones y perseguir objetivos insanos, también se enfatiza la importancia de generar aspiraciones sanas, como la intención de cuidarse a uno mismo y a los demás, ser un buen padre, o aportar a la sociedad con la propia creatividad y recursos.

Sufrimos de un desequilibrio en nuestras intenciones cuando nuestros deseos y aspiraciones nos alejan de nuestro florecimiento personal y colectivo. En particular, nuestras intenciones pueden estar desequilibradas por un déficit intencional, por una hiperactividad intencional, o por una disfunción intencional*.

El déficit intencional se refleja en la apatía y en una falta sentido e interés por cultivar el bienestar personal y colectivo, una sensación de que “todo da igual”. Esto usualmente se ve acompañado por un estancamiento y  falta de imaginación, no pudiendo visualizar que podemos vivir la vida con mayor plenitud. A veces entramos en este tipo de déficit cuando vivimos desilusiones importantes, cuando no conseguimos lograr algo y nos quedamos fijados en el juicio de que no somos capaces de lograr nada.

Entramos en la hiperactividad intencional cuando nos obsesionamos con objetivos, metas y fantasías sobre el futuro, perdiendo de vista lo que ocurre en el presente. Esta hiperactividad puede mantenernos en una contante sensación de carencia e insatisfacción, perdiendo de vista aquello por lo cual podemos estar agradecidos en el ahora y dejando de percibir las necesidades y aspiraciones de los otros. Por ejemplo, si estamos obsesionados con un logro en el trabajo o con conseguir el amor de alguien, es bastante probable que nuestra actitud competitiva o insistente aleje justamente aquello que queremos lograr.

Por último, la disfunción intencional está presente cuando nuestros deseos, intenciones y objetivos están dirigidos  hacia  algo que va a traer sufrimiento a uno mismo y/o a los demás. Por ejemplo, las adicciones (incluso aquellas socialmente aceptadas como la adicción al trabajo) pueden llevar a un deterioro de nuestra salud y dañar nuestras relaciones interpersonales con nuestros seres queridos. Aunque no haya nada malo en el desear tener tranquilidad a nivel material y tener éxito en el propio trabajo, poner toda nuestra intención en enriquecernos o en ser exitosos puede impedirnos ver y cultivar otros aspectos importantes de nuestra vida, y a la vez puede hacernos ciegos a la presencia de los demás.

Una Práctica

Cultivar aspiraciones, deseos y sueños que estén conectados con la realidad y que estén dirigidos hacia nuestro bienestar y el de los otros es crucial en el proceso de afinar nuestra mente. Además, este equilibrio  intencional influye de manera importante en nuestra capacidad de equilibrar las otras dimensiones de nuestra mente/corazón: la atención, el pensamiento y las emociones.

Haciendo eco de los insights de la tradiciones contemplativas, la psicología contemporánea también ha demostrado que el tener metas y aspiraciones que no sean contradictorias entre sí y el dar pasos concretos para alcanzarlas promueve el bienestar y la felicidad. Es muy importante tomar en cuenta que este bienestar personal no es alcanzable mientas se ignore el bienestar de los otros, ya que no somos islas independientes. Más allá de nuestra ilusión de separación, estamos profundamente conectados unos con otros. Como diría Thich Nhat Hnah, mi bienestar y el bienestar de los demás “inter-son”.

Esta semana te invitamos a reflexionar y conectarte con tus propias intenciones, sueños y aspiraciones.  Llevando tu atención a este nivel íntimo de tu mente, observa qué intenciones sanas y significativas habitan el silencio de tu corazón y, con la misma honestidad, identifica también qué intenciones y deseos hay en tu mente/corazón que puedan ser causas de sufrimiento presente o futuro en ti mismo y/o en los demás. Puedes utilizar las ideas ofrecidas en la reflexión de más arriba para estar más atento/a a los distintos tipos de desequilibrios  (déficit, hiperactividad o disfunción) de tu equilibrio intencional.

Observa con una mirada ampliada el tejido de causas y consecuencias del cual tus intenciones y aspiraciones son parte. Puedes hacerte la siguiente pregunta: “Si sigo este camino y trato de satisfacer este deseo, ¿cuáles podrían ser las consecuencias para mi propio bienestar y el de los demás?”. Esta pregunta invita al cultivo de una de las cualidades importantes de la sabiduría, que consiste en reconocer las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones y tomar decisiones de acuerdo a esta comprensión. Por último, hay tres preguntas que suelen ser de ayuda a las personas en los grupos de meditación que guío cuando trabajamos sobre nuestras aspiraciones e intenciones. Te las comparto acá, no para responderlas rápidamente, sino como una ventana desde la cual abrirte a tus intenciones:

  • Si cualquier cosa fuese posible, ¿qué me gustaría recibir de la vida?
  • Si cualquier cosa fuese posible, ¿cómo me gustaría florecer como ser humano?
  • Si cualquier cosa fuese posible ¿Qué me gustaría ofrecerle al mundo?
¡Que tengas una buena práctica!
——————————————————————
* Estas distinciones están inspiradas en enseñanzas de B. Alan Wallace.