En el apuro de la vida moderna, donde el internet de alta velocidad, el multitasking y conectividad 24/7 se han convertido en cosas habituales, no es raro encontrarnos encadenados a la cinta transportadora de la lista de tareas que debemos realizar día tras día, semana tras semana, año tras año. Esta sensación de tener que andar corriendo constantemente para cumplir con las exigencias de una vida ocupada hace que a menudo terminemos reaccionando en vez de respondiendo a nuestras circunstancias. El problema es que cuando la reactividad se convierte en nuestra forma predominante de relacionarnos con el mundo, la vida se vuelve mecánica y perdemos nuestra creatividad y libertad. A largo plazo, vivir reactivamente puede llevarnos a perder contacto con nuestra esencia humana.

nunzio-paci-5En su libro «El hombre en busca de sentido», el psiquiatra austríaco Victor Frankl escribió: «Entre el estímulo y la respuesta existe un espacio. En este espacio radica nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad». Su afirmación cobra un significado más profundo si tomamos en consideración el hecho de que él mismo era prisionero en un campo de concentración Nazi cuando desarrolló las ideas de este libro y de un nuevo tipo de psicoterapia focalizada en la libertad humana, libertad que está presente incluso cuando enfrentamos las peores circunstancias imaginables. En el caso de Frankl, su propia capacidad para encontrar un espacio entre el estímulo y la respuesta desempeñó un papel crítico en su supervivencia física y psicológica en medio de los horrores del Holocausto. Su propia voluntad de no renunciar a su libertad de responder, en lugar de simplemente reaccionar a sus circunstancias, acabó creando un espacio donde parecía imposible encontrarlo.

Aunque sea difícil de identificarnos con la experiencia concreta de Frankl siendo encarcelado en un campo de concentración, probablemente estemos más familiarizados con la experiencia de sentirnos encadenados a nuestra propia tendencia a reaccionar ante las circunstancias de la vida desde nuestros arraigados hábitos mentales, emocionales y conductuales, incluso cuando estos hábitos han demostrado una y otra vez no ser eficaces en cuanto a traer felicidad a nosotros mismos ni a quienes nos rodean. El poeta sufí Jalāl ad-Dīn Rumi dijo una vez: «Mas allá de las ideas de bien o mal, existe un lugar. Nos encontraremos ahí«. Reconociendo la tendencia humana a crear cárceles mentales, la invitación de Rumi apunta a la capacidad humana de ir más allá de los juicios para explorar un campo de posibilidades que sólo surge cuando se cultiva la conciencia no-reactiva y no-enjuiciadora. El que encontremos este campo no radica en hacer algo especial sino en traer una actitud especial a cada cosa que hacemos.